"Ezequiel, no es por hablar mal de ella, pero, ¿cómo se le ocurre hacer algo así justamente hoy, en este evento?" Dijo Bernardo Del Valle con voz grave.
Andrea continuó diciendo: "Está tratando de vengarse de nosotros, quiere vernos caer en desgracia ante los demás. Aquellos que no saben la verdad podrían pensar que la empujamos a hacerlo. Quién sabe qué más inventarán sobre nosotros en el futuro."
"Basta ya." Ezequiel alzó la voz, con sus ojos rojos clavados en su hermano y su madre.
Todos en la habitación quedaron en silencio, sobresaltados por su reacción.
Ezequiel se marchó con grandes zancadas, ignorando las súplicas de su familia.
Estaba claro que ella buscaba vengarse de él, tenía que ser así.
Los asuntos de la familia Del Valle se esparcieron como pólvora al día siguiente, y las historias entre Ezequiel y Carmen se convirtieron en motivo de conmiseración. De pronto, todos conocían su tormentoso pasado.
Arlet llegó al restaurante por la mañana y encontró a Adolfo Rico y Florian Zurita esperando afuera de su oficina.
"¿Qué está pasando aquí?" Preguntó Arlet y Adolfo le sonrió mientras le decía: "Señorita Sandell, parece que olvidó que hoy es el día en el que decidirá quien de los dos se quedará en su restaurante."
Arlet se disculpó: "Lo siento, se me fue completamente la cabeza. Es que realmente no quiero que ninguno de ustedes se vaya."
Ella no estaba adulando, pues desde que ellos llegaron, el negocio del restaurante mejoró día con día, atrayendo más clientes fieles y elevando su reputación significativamente. No cabía duda de que ambos eran muy talentosos.
"No se preocupe, todo está bien." Dijo Adolfo amablemente, pensando para sí mismo: "Con tal de que me dejes quedarme todo está bien, pues realmente estoy sin un peso y la operación de mi hijo depende de ti."
A pesar de la sonrisa en su rostro, Arlet podía sentir la tensión y la ansiedad en los ojos de Adolfo.
La razón era simple, Florian conectaba más con los jóvenes clientes, captando mejor sus preferencias.
"Guillermo, por favor, llama a los chefs." Pidió Arlet y Guillermo dijo: "Por supuesto."
"Mejor aún, llama primero a Adolfo." Arlet rectificó su petición y a los pocos minutos, Adolfo abrió la puerta de la oficina y su corazón se aceleró al ver el archivo sobre la mesa.
"Por favor, maestro, toma asiento." Dijo Arlet.
"Prefiero quedarme de pie." Adolfo se mantuvo de pie, visiblemente incómodo, aunque intentaba aparentar calma.
"Ya tenemos los resultados. Ambos son excepcionales, y los clientes valoraron muy positivamente sus platos. La verdad, prescindir de cualquiera de ustedes sería una pérdida para el restaurante, pero tener a ambos aquí sería desaprovechar su talento." Al oír eso, Adolfo sintió su corazón hundirse aún más.

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