El chef Gabriel fue el primero en hablar: "Jefa, ayer el dueño del restaurante del piso 48 vino a buscarnos."
Arlet no dijo nada, señalando que continuara y viendo que ella se mantenía tranquila, Gabriel prosiguió: "Nos ofrecieron unas condiciones muy atractivas para irnos con ellos. Tú nos invitaste personalmente a trabajar aquí, y no queremos irnos en malos términos, por eso queríamos comentártelo."
"¿Están pensando en irse?" Preguntó Arlet.
Gabriel se sorprendió un poco y en su rostro se mostró una expresión de vergüenza.
Ese día solo había ido para aumentar su poder de negociación y si ella pudiera ofrecerles las mismas condiciones, naturalmente preferirían seguir trabajando allí, ya que estaban familiarizados con el entorno.
Al ver a Gabriel luchando por encontrar las palabras, Sufián tomó la palabra y fue directo al grano: "Presidenta Sandell, ¿podría mejorar nuestra oferta? Después de todo, el ambiente de trabajo aquí es muy agradable."
Arlet entendió su punto; simplemente decían que, si ella igualaba la oferta del piso de abajo, no se irían.
"¿Qué condiciones les ofrecieron?" Indagó Arlet.
"Mi sueldo sería de 250,000 pesos al mes, y el de Gabriel de 400,000. Además, si las ventas mensuales superan los 20 millones, nos darían un bono adicional del 1% de las ventas." Explicó Sufían.
No cabía duda de que la oferta era tentadora.
Arlet calculó rápidamente en su mente; después de deducir el alquiler más alto, los salarios y otros costos, las ganancias del restaurante podían sostenerse, pero lo que se gastaría en ellos dos ya representaba más de la mitad de las ganancias netas.
Pensó: ¿Son ellos los jefes, o soy yo la jefa?
Arlet los miró y pudo ver que estaban tentados. Si fuera por ella, también lo estaría, considerando que el salario promedio en la Ciudad de México ni siquiera llegaba a 8,000 pesos al mes. Ese salario promedio era mucho mayor que el de muchas otras provincias y ciudades del país.
Arlet se encogió de hombros, sin importarle, después dijo: "No hay problema, solo sigamos el proceso del contrato."
"No te preocupes, pagaremos la indemnización por incumplimiento." Dijeron ellos, pero Arlet hizo un gesto con la mano mientras hablaba: "No hace falta que me paguen la indemnización por incumplimiento, eso solo lo escribí por escribir, pero, me harían un favor si se quedaran un par de días más. Después de ese tiempo, pueden proceder a los trámites de renuncia. ¿Tienen alguna pregunta?"
Gabriel y Sufián negaron con la cabeza.
"Entonces, nosotros vamos a seguir trabajando." Dijeron ellos y luego se levantaron para irse, per justo cuando llegaron a la puerta, la voz fría de Arlet llegó desde atrás: "¿Realmente están seguros de querer irse?"
Los dos se giraron al escucharla y Sufián mostró una expresión de dificultad cuando contestó: "Presidenta Sandell, si pudieras igualar las condiciones que el señor Molina nos ofrece, definitivamente no nos iríamos."
Arlet asintió, entendiendo y después sentenció: "Una vez que salgan por la puerta de mi restaurante, tal vez no puedan volver a entrar en el futuro. Deberían pensar bien si vale la pena dejar todo por esos beneficios momentáneos."

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