Al día siguiente, Isabel llegó al restaurante con entusiasmo y al ver a Arlet, sus ojos brillaron con expectativa.
"Arlet, tengo buenas noticias. Esa presuntuosa mujer fue expulsada por Eliseo." Informó Isabel, pero Arlet no tenía ninguna opinión al respecto.
Mientras tanto, Yago había convencido a Raquel para que fuera a su restaurante en el piso 48, y ella, al entrar, notó que había pocos comensales. En ese momento no le dio mucha importancia, pero a medida que llegaba la hora pico, la cantidad de personas se mantenía por encima de la mitad pero sin llenar el restaurante y eso era un gran cambio respecto a su última visita.
Yago, con una voz suave y tranquilizadora, dijo: "No te enojes. Esta noche, vamos a visitar a tu maestro y explicarle la situación claramente."
Raquel no era tan optimista, por lo que dijo: "No es necesario. Conoces el temperamento de mi maestro y una vez que toma una decisión, nadie puede cambiarla. Supongo que simplemente no estaba destinada a ser discípula del profesor Eliseo."
"¿Cómo puede ser eso posible?" Insistió Yago y Raquel sacudió la cabeza mientras decía: "Yago, sé que te preocupas por mí, pero mejor no te metas en este asunto."
Para evitar que Yago siguiera insistiendo, rápidamente cambió de tema: "¿Por qué hoy hay tan poca gente comiendo?"
Al mencionar eso, Yago frunció el ceño y comentó: "Ni me lo menciones. Un restaurante abrió en el piso 66 y se llevó a nuestros clientes."
"¿Qué tipo de restaurante puede llevarse a tus clientes? Realmente quiero verlo." Dijo Raquel con curiosidad y al poco rato, ambos subieron al piso 66 y, al salir del ascensor, vieron la fila de clientes esperando. Raquel frunció ligeramente el ceño, pues aquel negocio era realmente próspero.
Yago tomó un número y esperó pacientemente junto a Raquel. Después de una hora y media, finalmente les tocó el turno, por lo que el camarero los llevó a su mesa y les entregó el menú.
Arlet, ocupada con el trabajo en la barra, ni siquiera levantó la cabeza cuando indagó: "¿A quién?"
"El arrogante dueño del restaurante del piso 48, y esa zorra pretenciosa vinieron a comer a nuestro restaurante. Siento que algo no está bien con esos dos."
Arlet levantó la cabeza y miró alrededor del salón, hasta que vio a las dos personas que estaban en la mesa número 38.
"Cuando sirvan sus platos, revisa todo cuidadosamente." Instruyó Arlet, pues aunque no quería ser desconfiada sin razón, era mejor ser precavida.
Mientras fueran simplemente a comer, Arlet no se involucraría, pero si iban a causar problemas, entonces era mejor tener cuidado.

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