"Arlet, no estarás pensando en agarrar a alguien para que le ponga un costal en la cabeza y luego darle una paliza, ¿verdad?" Preguntó Isabel y luego añadió: "Eso no estaría bien. Si destrozamos el restaurante, lo peor que puede pasar es que paguemos. Así impedimos que hagan negocios, pero si llegamos a las manos, podríamos acabar en la comisaría por una semana."
"¿Qué estás pensando?" Indagó Arlet.
¿Acaso era tan brusca?
"¿No es así?" En el rostro de Isabel casi se podía leer 'no me engañes'.
"¿Qué otros pisos de este edificio tienen restaurantes?" Preguntó Arlet de repente.
Isabel, siendo de Ciudad de México, estaba bastante familiarizada con aquellos lugares, por lo que respondió: "En el piso 66 hay otro restaurante, pero ese lugar está un poco pasado de moda. Si aún quieres comer algo, podemos ir a otro restaurante. Conozco uno que está muy bien." Sugirió Isabel.
"No, vamos al del piso 66." Comentó Arlet e Isabel dijo: "Está bien."
Al momento siguiente subieron a dicho piso y al abrirse las puertas del ascensor, una hermosa señorita se acercó a recibirlas.
"¿Desean una mesa junto a la ventana o más adentro? Las vistas desde las ventanas son las mejores." Preguntó la camarera con una sonrisa.
"Una mesa junto a la ventana." Dijeron ellas y después de sentarse, el mesero les trajo el menú.
Arlet lo ojeó un momento, viendo los tipos de platillos disponibles. Había bastante variedad, pero nada fuera de lo común, algo que se podría encontrar en cualquier restaurante.
"¿Cuál es la especialidad de la casa?" Preguntó Arlet y el mesero respondió con una sonrisa: "Nuestra especialidad es el Élégance en Sucre, es el plato estrella del restaurante."
"Pues traigan uno de esos." Pidió Arlet y diez minutos después, les sirvieron un plato de postres delicados y pequeños.
"Que lo disfruten." Dijo el mesero con una sonrisa.
"Por favor, llame a su jefe y pregúntele si le interesaría vender el restaurante." Pidió Arlet y tanto el gerente del restaurante como el mesero e Isabel se quedaron atónitos, mirándola con los ojos muy abiertos.
"¿Hay algún problema?" Arlet interrumpió su shock.
El gerente examinó detenidamente a la mujer frente a él, la cual vestía de manera sencilla, con una camiseta y jeans, sin ninguna joya llamativa, por lo que no parecía alguien con mucho dinero.
¡Esa mujer debía estar bromeando!
"Señorita, nuestro dueño no tiene intención de vender por el momento." Dijo el gerente manteniendo su sonrisa.
"¿Por qué no lo llama y le pregunta primero?" Cuestionó Arlet.
El gerente se preguntaba internamente: "¿Qué tipo de persona es esta? Ya te han rechazado, ¿acaso no te das cuenta?"

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