"¿No me crees? ¿Acaso tienes otra opción?" Replicó Arlet.
Carla vaciló y finalmente dijo: "Porque tienes dinero y poder. Incluso si mataras a alguien, seguro que no te pasaría nada."
Al escuchar aquella respuesta, no solo Arlet se sorprendió, sino que el capitán Leonardo y varios policías detrás de los monitores se quedaron sin palabras.
"Mira, les dije que tú estabas detrás de todo esto, pero aquí estás, libre como el viento. ¿Podrías pedirles que me dejen salir?" Carla miró con esperanza mientras habló.
Arlet se rio con sarcasmo y luego dijo: "¿Crees que salvaría a una ingrata como tú? Solo estaba jugando contigo."
En realidad, Arlet quería decirle que aquel era un país de leyes, no un lugar donde solo la palabra de uno mandaba, pero viendo lo completamente torcidos que estaban sus principios, esas palabras, para ella, serían simplemente una pérdida de tiempo.
"Me engañaste." Dijo Carla mirándola furiosa.
"Claro que sí, te estaba engañando, jugando contigo." Comentó Arlet.
"Tú..." Carla estaba tan furiosa que no pudo terminar de hablar, hasta que después de una breve pausa dijo: "Entonces me aferro a la idea, tú eres la asesina."
"Como quieras." Respondió Arlet con calma.
Su tranquilidad, fue como una espina en el ojo de Carla.
"Ustedes, la gente rica, son muy crueles. Claramente podrías salvarme, pero, ¿por qué no lo haces? Si no me dejas salir, mi papá, mi mamá, y todos en el pueblo, no te dejarán tranquila." Amenazó Carla mientras apretaba sus manos y las venas sobresalían en el dorso.
"Te equivocas. No son ellos los que no me dejarán en paz, soy yo quien no dejará en paz a tu familia y a todo tu pueblo." Sentenció Arlet, mientras que en la habitación contigua, algunos de los policías que observaban la escena, fruncieron el ceño.
El capitán Leonardo miró a Alexander y preguntó con una sonrisa: "¿Por qué la señorita Arlet sigue burlándose de ella?"
"No, ella tiene razón. Nosotros, la familia Sandell, no vamos a dejarlo así. Todo lo que nos han hecho, lo pagarán con creces."
Alexander los miró y como si supiera lo que pensaban, agregó: "Dentro de las reglas y bajo el marco de la ley."
Eso lo dijo muy claro, haría que esos individuos la pasaran mal sin violar la ley.
En la sala de interrogatorios, Carla se quedó pasmada.
"Lamentablemente, no verás ese día. Por cierto, te informo algo más, haré que mi abogado te denuncie por difamarme. Se agregará otro cargo en tu contra." Informó Arlet y Carla dijo: "No puedes. Tú eres una buena persona, no puedes hacer eso."
"No, nunca he sido una buena persona. Especialmente con gente como tú." Dijo Arlet y luego avanzó, le dio una palmadita en la pálida mejilla de Carla y mirándola desde arriba, le dijo con tono sombrío: "Disfruta tu tiempo en prisión y aprovecha para reflexionar."
Dicho eso, se inclinó hacia ella, susurrándole al oído: "En prisión, te haré ver lo que es vivir en un infierno." Al escucharla, Carla se quedó con los ojos muy abiertos.
Arlet pasó sus dedos por el cabello de Carla, llevándolo detrás de su oreja. En la sala de monitoreo, lo que vieron fue aquella escena, con el rostro de Carla bloqueando la cámara, ocultando sus susurros.

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