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El Karma romance Capítulo 763

Aquel comentario desató la empatía de todos: "Exacto, sobre todo esa hermosa señorita. Ella fue quien más dinero nos dio. ¡Más de mil pesos!"

"Si mañana logramos encontrarnos con ella de nuevo, podemos volver a actuar como si estuviéramos en la miseria. ¿Creen que esa hermosa señorita nos dará aún más dinero?" Algunos soñaban despiertos.

"Carla, lo que dijiste hoy estuvo muy bien. Mañana debes continuar." Comentó Mario y Carla Vásquez asintió.

La chica elogiada resultó ser quien antes había discutido con Arlet.

En su mente, no dejaba de pensar en esa hermosa señorita, pues la envidiaba muchísimo. No era la belleza de Arlet lo que envidiaba, sino su ropa, el bolso que llevaba en la mano y el atractivo chico que tenía a su lado.

Ella también quería convertirse en alguien de la ciudad, como esa hermosa señorita.

Carla comenzó a hacer planes en su mente. Después de haber experimentado el esplendor de la gran ciudad, ya no quería regresar a su pobre y atrasado pueblo. Allí solo podía ver tierra colorada, no había esplendor, ni luces brillantes y tampoco vida nocturna. Eran dos mundos completamente diferentes.

Sabía que la persona que los apoyaba era buena y demasiado rico, pues alguien que podía poseer un edificio entero, definitivamente tenía mucho dinero.

Si ella le rogaba, seguramente el patrocinador aceptaría que se quedara.

Carla planeaba todo en su cabeza mientras su mirada caía sobre los demás y viéndolos complacidos por aquellos mil pesos, los despreciaba interiormente, aunque no lo demostraba.

"Estoy un poco preocupado. ¿Qué pasa si el patrocinador no nos ve o decide no seguir apoyándonos? ¿Qué deberíamos hacer?" Alguien preguntaba preocupado.

"No tengan miedo. Antes de venir, mi papá me dijo que si el gran jefe decide no seguir dándonos apoyo, deberíamos arrodillarnos frente a él y rogarle incansablemente. Mi papá también me explicó que a la gente de la ciudad, especialmente a los ricos empresarios, les importa mucho su imagen. Si hacemos eso, seguramente aceptará." Dijo aquel joven llamado José Manuel, con mucha confianza.

"Esa es una buena idea." Secundó otro de los chicos y alguien más agregó: "Mi abuela también me lo dijo, pero tiene que ser frente a mucha gente."

"Entonces lo veremos en la entrada principal, ahí siempre hay mucha gente." Sentenció José Manuel y otro de los presentes dijo: "Sí, sí, eso haremos y si mañana no está de acuerdo, actuaremos así, todos juntos nos arrodillaremos."

Un grupo de adolescentes discutía emocionado sus planes para el día siguiente, sin darse cuenta de lo inapropiado y vergonzoso que era su comportamiento.

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