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El Karma romance Capítulo 662

"Ver su cara de pánico me llenó de alegría."

"Ya lo decía yo, cómo fue que soltó todo tan fácil. Pensaba que solo estaba frente a una persona. Jamás imaginó que era una transmisión en vivo."

"Ja, ja, ja, verla tan asustada me hizo el día."

Los comentarios debajo del video se inundaron de burlas y maldiciones de los internautas. La opinión era unánime, incluso aquellos que al principio lo tomaron a broma, en ese momento guardaban silencio. Porque... Justo en ese instante, aquellos que habían sido víctimas del acoso de Paulina empezaron a salir a la luz, señalando a ella y a su grupo de amigos elitistas.

La tormenta en las redes sociales había llegado, arrasando con todo a su paso de manera incontrolable. Los primeros en la línea de fuego eran la familia Varela, seguidos por la familia Marín, la familia Borges, entre otros. Nunca subestimes el poder de los internautas, entre la multitud siempre hay talentos escondidos. Si fuera un día cualquiera, tal vez no se involucrarían, pero las palabras de Paulina los habían indignado a todos.

En la familia Varela.

Fausto, furioso, lanzó el cenicero cerca de Romeo diciéndole: "Esa es la 'gran hija' que educaste. Esa tonta, no solo se arrastró a sí misma hacia la muerte, sino que también arrastró a otros con ella."

En aquel momento, familias como la Marín, la Borges, y otras, quién sabe cuánto rencor les estarían guardando.

Eso realmente había traído una gran hostilidad hacia la familia Varela.

"Lo urgente ahora es encontrar a Pauli y sacarla de ahí."

"Quisiera ir al baño un momento."

El guardaespaldas le dio paso, y Gisela entró al baño empujando su silla de ruedas. De su manga sacó un objeto, era nada menos que un control remoto. Ese control remoto era idéntico al que controlaba el cuarto oscuro. No, para ser precisos, ese era el verdadero control remoto. El que estaba fuera era uno que ella había preparado con antelación. Aprovechando un descuido de los guardaespaldas, intercambió los controles. Sabía que aquel hombre la ayudaría a llevar el caso a la corte, que haría que Paulina enfrentara la justicia, pero eso no era suficiente, ni de cerca.

Porque sabía que, incluso si encerraban a Paulina ese día, con el tiempo, cuando la atención disminuyera, con el poder de los Varela, rápidamente la sacarían. Encerrarla unos años, ¿eso compensaría sus crímenes? No lo lograría. ¡Ojo por ojo! Eso era lo justo y necesario.

Gisela murmuró para sí: "Te lo mereces, hijo de puta."

Esas palabras no eran para Paulina, sino para aquel hombre, el que la ayudó a cumplir su deseo. Aunque estaba clara de sus intenciones, no puramente altruistas, él efectivamente la había ayudado. Sin él, su venganza quizás nunca se habría cumplido. Con dedos temblorosos, presionó lentamente el botón rojo.

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