Ahora, Aitana ya no lo quería.
¿En qué momento exactamente había perdido el amor de Aitana?
Tres días después, en la sala del director de Grupo Innovar.
El estado de ánimo de Damián era evidentemente malo.
Sobre su escritorio descansaba una citación judicial, con Aitana como demandante, solicitando el divorcio y la división de los bienes conyugales.
Damián estaba recostado en el sofá, una pierna cruzada sobre la otra, sosteniendo la citación con una mano.
Preguntó en voz baja a Milena: — ¿Ha contratado ya un abogado?
Milena respondió con franqueza: — Ha contratado a Emiliano Torres, un abogado muy reconocido. Es tan capaz que incluso Miguel no podría estar completamente seguro de ganarle.
Damián la miró de reojo, con un tono casual: — ¿Quién ha dicho que voy a pleitear con Aitana? Es solo su idea unilateral. No tengo intención de divorciarme.
Milena se quedó perpleja.
Damián dejó la citación en la mesita de café, sus largos dedos tamborileando suavemente sobre ella, con los ojos entornados y el perfil iluminado por la luz del atardecer, creando una imagen verdaderamente fascinante.
Tras un momento, habló con voz tranquila: — Concierta una reunión con Emiliano Torres. Dile que lo invito a comer.
— Además, haz circular el rumor...
Milena se sobresaltó.
El señor Uribe hablaba en serio. Como mujer, no pudo evitar sentir algo de empatía por los años de esfuerzo de Aitana.
Con la intervención de Damián, Emiliano devolvería el anticipo a Aitana y le llamaría personalmente para disculparse sinceramente e invitarla a comer.
Aitana rechazó la oferta, no por falta de cortesía, sino por falta de tiempo.
Le pidió a Ana que buscara otro abogado.
Ana, presionando un pañuelo contra su nariz, habló con voz suave: — En toda Palmas Doradas, nadie se atreve a tomar nuestro caso. Señorita Balmaceda, estoy segura de que el señor Uribe ha intervenido. Nadie más tendría tal influencia.

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