No pudo evitar pensar: ¿Cuánto amor se necesita para ignorar los rumores?
Aitana no quería seguir mirando, pero al girarse para marcharse, escuchó la voz melosa de Lía detrás de ella: — Señora Uribe.
Aitana se volvió, mirando a la pareja despreciable.
Lía abrazaba el cuello de Damián, soltando otro gemido: — Señora Uribe, ¡no hay nada entre Damián y yo! Solo lo abrazo porque no me siento bien.
Sin esperar respuesta, la madre de Lía, la señora Urzúa, habló con una cortesía distante: — ¿Usted es la esposa de Damián? Lía y Damián son amigos de la infancia, solo se cuidan un poco mutuamente. Supongo que no le importará, ¿verdad?
Aitana miró a Damián.
Su marido seguía abrazando a la joven, solo frunciendo levemente el ceño.
Aitana no tenía interés en armar una escena. Quería humillar a madre e hija, así que soltó una carcajada sarcástica: — Señora Urzúa, su hija puede estar acostándose con Damián a escondidas, ¿pero por qué molestarse en exhibirse? No me importa si me importa o no. Lo importante es si su hija le importa tener un hombre de segunda mano.
La señora Urzúa se enfureció: — ¡Una huérfana sin modales!
— ¡Victoria! —interrumpió Damián con voz baja, pero con una autoridad que no admitía réplica. Victoria se calló instantáneamente.
Damián dejó a Lía y se acercó a agarrar la muñeca de Aitana: — Después te lo explico todo.
Aitana lo apartó suavemente.
Lo miró con desdén: — ¿Qué hay que explicar? Damián, démosle a esto un poco de dignidad. Entre nosotros, ¿qué más hay que explicar?
Jorge intentó mediar: — Todo es un malentendido.
— ¿Ah, sí? —respondió Aitana, mirando a Jorge—. ¿Puede garantizarme que su hija no volverá a tener contacto con Damián?
Jorge dudó por un momento.
Victoria añadió con veneno: — ¡Señorita Balmaceda, el que no es amado es el tercero en discordia!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Karma del Traidor