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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 745

Era la verdad.

Y la familia Jiménez siempre vivía al borde del ataque de nervios por la salud de Paz.

Al escuchar la explicación, Julián murmuró en comprensión, manteniendo la calma.

Ambos se quedaron en silencio.

—¿Fabio está en Monterrey? —Julián fue el encargado de romper el hielo de nuevo.

Vanesa sabía muy bien que, aunque el doctor no hubiera dicho nada, la administración del edificio se lo habría informado a Julián de igual modo.

Al fin y al cabo, el escándalo del día anterior no había pasado desapercibido.

Y ese edificio residencial pertenecía a la familia Jiménez.

Por lo tanto, no vio sentido en ocultarlo: —Sí. Está en el departamento de al lado. Resulta que el dueño de la propiedad desocupada en el último piso siempre fue él.

Julián se sorprendió genuinamente.

Antes de que pudiera indagar más, Vanesa se le adelantó con otra revelación.

—El profesor Éxers es conocido de Fabio —añadió en un tono apagado.

El rostro de Julián se ensombreció; con esa simple frase, descifró de inmediato lo que Vanesa estaba pensando.

—¿Te lo dijo Fabio? —preguntó directamente.

Vanesa asintió con un murmullo.

No había necesidad de mayores explicaciones.

Estaba claro: el asistente del profesor Éxers se había comunicado con Clarissa únicamente porque Fabio había movido los hilos.

Era una forma de presionar a Vanesa.

Una jugada sucia para obligarla a tomar una decisión.

Vanesa lo sabía.

Y, por supuesto, Julián también.

El silencio de Julián se volvió más pesado.

Pasó un largo rato antes de que volviera a hablar: —¿Así que has cambiado de opinión?

Vanesa sabía a qué se refería.

Bajó la mirada; la tensión le acalambraba los nervios.

No quiso añadir nada más.

Julián sabía que no podía cruzar la línea cuando se trataba de Paz.

Si intentaba acorralar a Vanesa usando a la niña, ella estallaría en cualquier segundo.

Volvería a aquel estado de pánico y vacío del principio, y él no quería verla así de nuevo.

La imagen de una Vanesa rota, sin voluntad de vivir y sin luz en los ojos, seguía atormentándolo.

De no ser por ese temor, Julián probablemente habría mantenido oculta la identidad de Paz toda la vida.

Había cosas que parecían estar escritas por el destino.

Por más vueltas que dieran, todos terminaban volviendo a la casilla de salida, incapaces de escapar.

—Regresaré un poco más tarde —avisó Julián, sin insistir en el tema.

—De acuerdo —asintió Vanesa.

Julián colgó, dándole su espacio.

Vanesa soltó un largo suspiro, dándose la vuelta para seguir cocinando; no quería transmitirle ninguna de sus angustias a Paz.

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