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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 736

Ella se fue calmando poco a poco.

Debido al suero, Vanesa no podía moverse.

Se recargó en silencio contra la almohada, escuchando los movimientos en la habitación contigua.

El tiempo pasaba minuto a minuto, y afuera ya comenzaba a amanecer.

Echó un vistazo a la hora: eran las 6:20 de la mañana.

Entonces, Vanesa escuchó un ruido.

La puerta de la sala de descanso se abrió.

Instintivamente miró hacia la entrada, y Fabio entró con paso tranquilo.

El hombre llevaba en la mano unas bolsas de comida.

—¿Por qué te despertaste tan temprano? —preguntó Fabio con tono neutro.

Vanesa no respondió.

—Qué bueno que despertaste. Come algo primero, el doctor dijo que necesitas alimentarte. Si no, esta debilidad va a continuar —insistió él.

Echó un vistazo hacia la otra habitación; Paz seguía durmiendo.

Pero la pequeña solía despertarse alrededor de las 7.

Guardó el desayuno de Paz en un termo para mantenerlo caliente.

De manera muy natural, separó la porción de Vanesa.

—Come —ordenó Fabio suavemente.

Vanesa miró el desayuno frente a ella y, en lugar de obedecer, preguntó:

—Dijiste que el profesor Éxers...

—Vanesa, come —lo interrumpió él, esta vez en un tono que no admitía réplicas.

De forma pasiva, Vanesa tomó los cubiertos.

Le había traído sopa de arroz cremosa con cerdo.

A ella le encantaba.

Pero como detestaba el jengibre y cebollín, empezó a apartarlos cuidadosamente.

—Es la hija de un amigo —contestó.

Esa respuesta hizo que Vanesa levantara la vista hacia él, pero Fabio se mantuvo impasible, sin que su mirada titubeara en lo más mínimo.

El instinto de Vanesa le decía que Fabio estaba hablando con el profesor Éxers.

Pero fue lo suficientemente astuta como para no decir ni una palabra.

—Carlos me envió los registros de tu hija. El expediente fue alterado, y quien lo hizo fue muy hábil; una persona común no sospecharía nada. Pero yo me di cuenta. Ocultaron la parte en la que cometieron una negligencia durante la operación —dijo Sebastián sin rodeos—. Si no fue un error quirúrgico, entonces fue un intento de asesinato premeditado; nunca planearon dejar que tu hija sobreviviera. Y en cuanto al historial de Paz Jiménez que me mandaste, incluyendo los detalles que organizaste por correo, lo revisé. Los doctores hicieron un análisis muy completo y reconstruyeron a la perfección las condiciones de la primera cirugía de Paz.

Sebastián hizo una breve pausa y luego soltó la bomba:

—Es exactamente el mismo caso que el de tu hija. Además, ambas niñas tienen la misma edad. O estas dos pequeñas tienen algún parentesco, o cayeron en manos del mismo psicópata.

La mirada de Fabio se oscureció aún más, y sus ojos se desviaron hacia Vanesa.

Sin embargo, por fuera no mostró ninguna emoción:

—¿Cómo estás tan seguro?

—Fabio, soy médico. No es difícil reconocer la técnica de un colega. Además, cada cirujano tiene un estilo muy distintivo al hacer suturas y tratar las heridas. Es como una firma. Y el informe que enviaron de Paz Jiménez muestra exactamente el mismo método de sutura que el reporte de tu hija en aquel entonces —concluyó Sebastián, yendo directo al grano.

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