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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 719

Luego, se levantó con parsimonia, borrando con disimulo todos los mensajes que había intercambiado con Vanesa para no dejar rastro.

Agarró la ropa como si nada hubiera pasado y se acercó a su hijo.

Santiago movía la cabeza felizmente, de excelente humor.

Fabio le tendió las prendas y el niño se vistió obediente.

De pasada, el pequeño recuperó su teléfono para seguir charlando con Vanesa.

Fabio mantuvo una expresión de total indiferencia.

Era evidente que ella se había dado cuenta.

Así que, poco después, Santiago se quedó desganado, pues no hubo más conversación.

Levantó la vista hacia su padre: —Papi, ¿podemos ir a Hong Kong?

—Cuando tengas vacaciones —respondió Fabio con voz grave.

—¿De verdad? —los ojos del niño se iluminaron, emocionándose al instante.

—Sí —asintió Fabio, manteniendo la calma.

Con esa promesa, Santiago no volvió a insistir en el asunto.

Y Fabio aprovechó para desviar su atención hacia otra cosa.

Mientras tanto...

Vanesa miraba la pantalla de su celular. Cuando leyó la inusual pregunta de Santiago, se quedó helada.

Su intuición le decía que algo no encajaba.

Pero era solo un niño inocente, ¿qué sabría él de esas cosas?

Tras una breve duda, Vanesa desechó la paranoia.

Y terminó respondiendo a su pregunta.

Pero después de enviar el mensaje, el silencio se apoderó de ella por completo.

En su mente, la imagen de Fabio luciendo pantalones negros y camisa blanca se volvió increíblemente nítida.

Era su versión favorita de Fabio en el pasado.

Probablemente fue en ese primer vistazo donde cayó perdidamente enamorada.

Pero todo lo que ocurrió después fue borrando ese recuerdo poco a poco.

Hasta el punto de que entre ellos solo quedó odio.

Del amor ya no quedaba ni rastro.

Vanesa sacudió la cabeza, prohibiéndose a sí misma pensar en tonterías.

Se obligó a desterrar cualquier recuerdo relacionado con Fabio Serrano.

Se puso de pie y se dirigió hacia la sala de juntas.

...

En la mansión Serrano.

Fabio le estaba leyendo un cuento a Santiago.

La llamada de Carlos Medina interrumpió el momento.

Santiago no hizo berrinche; agitó la mano comprensivo.

—Papi, contesta, yo sigo leyendo solo —dijo el niño.

Fabio asintió y se levantó sin prisa.

Al salir de la habitación, su expresión se volvió seria y calculadora.

Respondió la llamada de inmediato: —¿Hay resultados?

—Señor Serrano, rastreamos al doctor que atendió a Ximena Herrera, pero falleció. Sin embargo, su asistente, quien se había ido al extranjero, regresó a Jalapa hace unos días. Ya lo tengo aquí. ¿Puede venir? La situación es mucho más enredada de lo que pensábamos.

El semblante de Fabio se oscureció: —Voy para allá.

Tomó las llaves del auto y salió a toda prisa de la mansión.

Carlos continuó explicando: —Una cosa más, le hicimos una prueba de ADN a la mujer que aportó el óvulo, y tampoco es la madre biológica del joven Santiago. No tiene ninguna relación con él. Para los detalles, será mejor que hable directamente con el asistente médico.

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