Santiago lo pensó con total seriedad antes de negar con la cabeza: —Siento un poquito de pena, pero creo que no me pondré triste. Mientras estés conmigo, papi, todo estará bien.
Fabio dejó escapar una risa suave y le pellizcó la nariz con cariño.
—Pero creo que mami no va a querer divorciarse —añadió el niño en un tono bajo.
Él conocía muy bien a Giselle.
Como Santiago siempre había anhelado tener una figura materna...
Cada gesto y actitud de ella no pasaban desapercibidos para él.
Giselle solo era cariñosa con él cuando Fabio estaba presente.
Aunque fuera un cariño falso y fingido...
Santiago se sentía contento solo con eso.
Por eso estaba seguro de que ella jamás aceptaría separarse.
—Déjame encargarme de estos asuntos a mí, ¿de acuerdo? —dijo Fabio, mirándolo con ternura.
Santiago asintió, siempre tan obediente.
De pronto, pareció recordar algo y su expresión se tornó seria.
—Papi, ¿te divorcias por culpa de la tía Vane? —preguntó con inusual agudeza.
Por muy pequeño que fuera, Santiago podía notar que Fabio trataba a Vanesa de una forma muy distinta.
Lejos de alterarse, Fabio respondió con tranquilidad: —¿Te cae bien la tía Vane?
—Sí, me agrada mucho —admitió el niño sin dudar.
Aunque asimilar esa situación le resultaba un tanto incómodo.
Fabio sonrió y preguntó: —¿Te gustaría que ella fuera tu mami?
Esa idea tomó por sorpresa a Santiago, dejándolo sin saber si asentir o negar.
Pero Fabio no lo presionó para que le diera una respuesta.
—Bueno, a comer —dijo, cambiando de tema.
Tomado de la mano de Fabio, Santiago se dejó guiar hacia el comedor.
El mayordomo les sirvió la cena.
El niño empezó a comer con docilidad.
Fabio lo acompañó en silencio, degustando sus alimentos.
Sin embargo, se guardó las palabras que estuvo a punto de pronunciar.
Padre e hijo terminaron su cena en completa calma.
Y se quedó mudo.
Era un mensaje de WhatsApp de Vanesa.
¡Qué ironía!
Vanesa lo había bloqueado de su vida por completo, pero seguía en contacto con su hijo.
—¿Estás chateando con ella? —preguntó intentando sonar casual.
—Sí. Le estoy preguntando qué comida rica hay en Hong Kong. Paz me había dicho que allá también hay un Disneyland y me preguntó si quería ir —respondió el niño, muy animado.
Sin ninguna malicia, Santiago le mostró la conversación.
Vanesa no respondía de inmediato.
Pero, al menos, contestaba a todas sus preguntas.
Pensando en ello, Fabio no pudo evitar soltar una risita irónica.
Después de todo, ella lo había bloqueado a él.
Miró la pantalla disimulando su molestia.
Vanesa: [En Hong Kong hay platillos deliciosos, como fideos caldosos, waffles de huevo y cangrejo frito picante. Cuando vayas, te llevaré a comer todo eso.]

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