Empacó rápidamente las cosas de las dos, mientras Fabio esperaba con mucha paciencia.
Al mediodía, Fabio las invitó a comer al restaurante del mismo hotel.
Paz seguía feliz, apegándose a Fabio en todo momento.
Después de la comida, Fabio las llevó en su coche hasta el aeropuerto.
Vanesa no se negó.
Porque sabía que negarse no serviría de nada.
En ciertas circunstancias, Fabio era un hombre que hacía únicamente lo que le daba la gana.
Pero con Paz ahí, Vanesa también sabía que Fabio no se atrevería a intentar nada extraño.
Así que se mantuvieron en paz.
No pasó mucho tiempo antes de que el coche llegara a la terminal.
Pero Fabio no se fue; se quedó a su lado mientras Vanesa documentaba el equipaje y obtenía los pases de abordar.
Y luego, las escoltó hasta el filtro de seguridad.
Vanesa iba con la cara cubierta; llevaba tapabocas y gafas de sol.
A Paz también la llevaba muy protegida.
Fabio, por su parte, caminaba relajado, como si no le importara en absoluto que alguien le tomara fotos.
Vanesa no habló mucho con él.
Pero justo antes de que cruzara el control de seguridad, Fabio la llamó.
—Vanesa —dijo él en voz baja.
Ella frunció el ceño y volteó a verlo.
Abrió la boca, pero antes de que pudiera pronunciar una sola sílaba...
Fabio se inclinó y le robó un beso delante de todos.
Vanesa, tomada por sorpresa, lo miró con los ojos muy abiertos por el asombro.
Fabio, sin perder la compostura, se separó: —Vayan con cuidado. Me quedaré aquí a verlas entrar.
Paz, obviamente, también lo vio.
Pero, con mucha inteligencia, se dio la vuelta y se tapó los ojitos, como si no hubiera visto nada.
A su alrededor, los pasajeros seguían yendo y viniendo a toda prisa.
El Aeropuerto Internacional de Jalapa era el centro de conexiones más concurrido de toda la ciudad.
Así que, en esas circunstancias, Vanesa no podía armarle una escena a Fabio.
Solo traería problemas innecesarios.
Además, Paz estaba con ellos.
Sin pensarlo más, Vanesa tomó a Paz de la mano y caminó directamente hacia el punto de revisión.
Vanesa vio el rostro de Julián en la pantalla y saludó con la mano.
Julián asintió y se puso a conversar animadamente con Paz.
Vanesa no se apartó de su lado, escuchando la charla en silencio.
Hablaron durante un buen rato.
Hasta que llegó la hora de abordar el vuelo.
Solo entonces, Julián cortó la llamada.
Vanesa tomó la pequeña mano de Paz y caminaron juntas hacia el avión.
Al mismo tiempo...
Fabio apenas cruzaba las puertas del aeropuerto para salir cuando recibió una llamada de Carlos Medina.
—Señor Serrano, lo espero en la empresa —dijo Carlos, directo al grano.
Eso solo podía significar una cosa: lo que fuera que había pasado, no podía discutirse por teléfono.
—Entendido —respondió Fabio secamente.
Luego, se subió a su auto y manejó con tranquilidad en dirección al corporativo Serrano Corp.
En el instante en que Fabio cruzó la puerta de su oficina, Carlos ya se acercaba a toda prisa a su encuentro.
Ambos entraron y cerraron la puerta.

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