Fabio descubrió que, mientras más dominante se mostraba, Vanesa parecía emocionarse más.
Era un mar de emociones difíciles de explicar.
Cuando Vanesa era llevada al límite de la locura por él, solía morderlo.
Con todas sus fuerzas.
A Fabio le dolía horrores, pero no la detenía.
Era como si él también perdiera completamente el control en medio de tanta pasión.
Hasta que todo el asunto se desbordó sin remedio.
Vanesa quedó exhausta, recargada sobre el pecho de Fabio.
Ambos estaban empapados en sudor.
A ella no le quedaba ni una gota de energía, mucho menos para seguir peleando con él.
—Pervertido —soltó Fabio, de repente.
Esa palabra hizo que Vanesa estallara por completo.
Sin fuerzas y sin poder ganarle discutiendo, simplemente le clavó los dientes en el hombro con fuerza.
—¡Vanesa, te lo estás buscando! —exclamó Fabio, mirándola con los dientes apretados.
Ser mordido en pleno clímax era parte de la pasión.
Pero que lo mordiera ahora, solo era una tortura.
Las manos de Fabio se cerraron con más fuerza y, de un rápido movimiento, la agarró por la cintura.
De repente, empezaron a forcejear de nuevo.
—¡Tú eres el puto pervertido, Fabio Serrano! —Vanesa no pudo contenerse, furiosa.
A Fabio le dio igual.
Justo en ese momento, el teléfono de Vanesa vibró.
Rompiendo de golpe la atmósfera tensa e íntima.
Ambos dirigieron la mirada a la pantalla.
Era una llamada de Paz.
Vanesa estaba tan cansada que no podía ni moverse.
Incluso sintió ganas de ignorar todo y dejarse llevar por el descaro.
Así que no contestó.
En cambio, Fabio soltó una risa seca, tomó el teléfono y contestó con total calma.
—Vane, ¿por qué no llegas? ¿Aún estás durmiendo? —se escuchó la voz emocionada de Paz.
De fondo, se oían los gritos y las risas del parque de diversiones.
Tanto Paz como Santiago preferían colgarse de Fabio.
Lo que le dio a Vanesa un merecido descanso.
Paz arrastraba a Fabio para subir a todo tipo de juegos, y él cooperaba sin quejarse.
Vanesa los esperaba sentada en una banca, observando cómo Fabio cargaba a Paz hacia las atracciones.
Como Paz era delicada, después de una mañana entera de caminar de aquí para allá, sus piececitos ya no daban más.
Así que pedía que la cargaran.
Y Fabio no se negaba.
Al ver a Paz apoyada en el hombro de Fabio, Vanesa sintió que la mente le daba vueltas.
Ella sabía perfectamente que eran padre e hija.
Pero verlos abrazados así, lo hacía sentir aún más real.
Como si así fuera como debían estar desde siempre.
Vanesa guardó silencio.
No pudo resistirse y sacó su celular para tomarles una foto.
Fabio pareció darse cuenta.
Pero para cuando él volteó a mirar, Vanesa ya había bajado el teléfono.

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