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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 625

Las manos de Vanesa se aferraban al borde del sofá, sus palmas sudaban fríamente.

Ante la imponente actitud de Fabio, no había manera de escapar.

La ropa de ambos yacía esparcida por los rincones del sofá.

El ambiente estaba cargado de una intimidad innegable.

Ninguno estaba dispuesto a ceder un milímetro.

Incluso cuando ella sentía que no podía resistir más, Fabio seguía dominándola desde arriba.

Su mirada era tan insondable que parecía estar buscando algo más a través de ella.

El ritmo se volvió cada vez más intenso.

Llevándola al límite, milímetro a milímetro.

—Fabio... —dejó escapar, incapaz de contenerse.

Ese sonido hizo que cada músculo de su cuerpo se tensara.

Un jadeo ronco escapó del fondo de su garganta.

De repente...

La voz del mayordomo interrumpió desde la entrada:

—Señor Serrano, ha llegado su esposa.

Esas palabras enfriaron la sangre de Vanesa al instante.

Él notó el brusco cambio.

Pero no dijo nada, simplemente se le quedó mirando.

Bajo sus pestañas, Vanesa escondió una profunda melancolía.

Su mente viajó al pasado.

Años atrás, cuando aún estaba embarazada de Paz.

En aquel entonces, Giselle y él habían peleado, y Fabio estaba furioso.

Él la había estado ignorando para castigarla.

Ese despecho hacia la otra mujer se había convertido en la ternura más falsa que Vanesa jamás había experimentado.

Al final de aquel tira y afloja, el perdedor terminó siendo él.

La abandonó en un instante y corrió a los brazos de Giselle.

Esa misma noche, Vanesa casi pierde a su bebé; se había quedado completamente sola en la mansión.

La sangre manchó el suelo, el olor metálico inundaba el ambiente.

Y, sin importar cuánto lo intentó, no pudo localizarlo.

Lo único que obtuvo fue la burla afilada de Giselle por teléfono: "Vanesa, deberías estar muerta."

¿Muerta? ¿Acaso ella merecía morir?

No. Era Giselle quien merecía ese final, no ella.

Al recordar aquello, a pesar de los años transcurridos, a Vanesa todavía le temblaba el corazón.

Vanesa era accionista de Producciones Yixing.

Ambas agencias mantenían una relación cordial ante el público, pero a puertas cerradas eran archienemigas.

Sus estilos eran diametralmente opuestos, así que durante años nunca se habían cruzado en el camino de la otra.

Por eso mismo, Giselle jamás habría puesto un pie en Producciones Yixing si no fuera por el proyecto 'Anhelo'.

Entonces, ¿de dónde venía el conflicto entre ellas?

Él se limitó a mirarla, sin presionar por una respuesta.

—Asuntos personales —sonrió ella—. Tuvo problemas con un amigo mío, y de paso me arrastró a mí.

El ceño de Fabio se frunció un poco más.

Parecía que las dudas que habían estado germinando en su mente acababan de ser disipadas con una simple frase.

—¿Cosas de la industria del entretenimiento? —indagó, intentando ir más allá.

Esta vez, antes de que Vanesa pudiera abrir la boca...

El alboroto fuera del dormitorio principal se volvió insoportable.

—¡Cómo te atreves a detenerme! —le gritó Giselle al mayordomo—. ¡Quítate de mi camino!

Dicho esto, abrió la puerta de par en par con un golpe seco.

El sonido de sus tacones resonó con fuerza sobre el piso de madera fina.

Vanesa se encogió de hombros y miró a Fabio con una sonrisa irónica.

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