Como era de esperar, sus exigencias hicieron que Fabio guardara silencio.
Vanesa lo miró con altivez, esperando tranquilamente su respuesta.
De repente, Fabio bajó la cabeza y, con su mano de nudillos marcados, le agarró la barbilla directamente.
Vanesa frunció el ceño; le dolió un poco.
Pero no dijo nada ni forcejeó.
Hasta que la voz profunda de Fabio llegó a sus oídos, haciendo imposible descifrar sus verdaderas intenciones.
—Vanesa, ¿estás negociando conmigo o me estás amenazando? —preguntó Fabio sin rodeos.
Vanesa sonrió levemente:
—Es un intercambio de condiciones. Por supuesto, la decisión es tuya. Puedes elegir no aceptar, no te puedo obligar, ¿verdad?
Fabio siguió mirándola profundamente, sin que se supiera si estaba de acuerdo o no.
Vanesa, en cambio, se mantuvo imperturbable.
No albergaba ninguna esperanza.
Sin embargo, en ese momento, Fabio de pronto la soltó y asintió.
—Está bien, acepto tus condiciones —dijo Fabio de manera directa.
Vanesa se sorprendió de verdad.
No esperaba que Fabio cediera.
Y antes, cuando se enfrentó a él, estaba muerta de miedo, temiendo que algo saliera mal y que el hombre de repente cambiara de actitud y usara la fuerza contra ella.
Ahora que aceptaba tan de repente, era Vanesa quien se sentía desconcertada.
Pero Vanesa sabía que Fabio no había terminado de hablar.
Tal y como lo sospechaba, Fabio la miró con ojos ardientes, amenazándola con poca seriedad.
—Pero, no intentes jugar conmigo. Llevas siete años casada conmigo, conoces muy bien mi temperamento. Si intentas jugarreta alguna, te juro que no te lo perdonaré —advirtió Fabio en voz baja al final.
Mientras hablaba, las yemas ligeramente callosas de sus dedos acariciaron con suavidad la mejilla de Vanesa.
Parecía tierno, pero era como veneno envuelto en miel.
Esa presión, ni muy suave ni muy fuerte, la obligaba a sopesar sus palabras.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ