Vanesa contempló con frustración el dilema frente a ella.
Estaba pensando si debería irse a vivir a otro lado.
Fabio pareció notar que algo andaba mal con Vanesa, frunció el ceño y regresó.
—¿Qué pasa? —le preguntó Fabio a Vanesa.
Vanesa soltó un murmullo y no lo ocultó:
—Cambiaron la contraseña y, de paso, borraron mi huella digital. Aún no he tenido tiempo de registrarla de nuevo, así que no puedo entrar.
Fabio escuchó la explicación de Vanesa y se quedó en silencio por un momento.
Luego asintió:
—Ven a mi apartamento primero. Llamaré a los técnicos de la marca para que vengan a solucionarlo.
Vanesa se sintió un poco acorralada.
Pero aun así lo rechazó:
—No es necesario, esperaré en la cafetería de la planta baja. Cuando terminen, pídeles a los técnicos que me llamen.
Una actitud distante y fría.
Fabio solo miró a Vanesa, sin decir nada.
Pero tampoco intentó detenerla.
Vanesa asintió a modo de despedida, se dio la vuelta y caminó de regreso hacia los ascensores.
Fabio se quedó en su lugar observando.
Vanesa estaba de espaldas a Fabio, por lo que no podía ver su expresión.
Un pensamiento absurdo cruzó por su mente.
Pensó que, si Fabio le pedía que se quedara, ella lo haría.
Sin embargo, Fabio no dijo ni una palabra.
Y Vanesa tampoco iba a darse la vuelta para buscarlo.
Así que, sintiéndose algo molesta, Vanesa presionó el botón del ascensor y las puertas se cerraron.
Mientras se cerraban, Vanesa escuchó a Fabio hablando por teléfono con los técnicos.
Vanesa se sintió aún más deprimida.
Estaba un poco aburrida en la cafetería.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ