Fabio observó en silencio cómo Vanesa se marchaba.
Una vez que la puerta de la suite se cerró, tomó su celular y le envió un mensaje a Paz.
Fabio: [Paz, ¿has notado algo extraño en ella últimamente? ¿Algún malestar físico o algo fuera de lo común? Mencionaste que ha estado teniendo muchas pesadillas. ¿Sabes si ha estado en contacto con alguien en particular o si ha visto alguna película extraña?]
Sus preguntas fueron muy detalladas.
Paz tardó en responder. Fabio veía el indicador de "escribiendo..." en la pantalla.
Después de un buen rato, finalmente llegó el mensaje de la niña.
Paz: [Su rutina es muy normal. De la universidad al departamento, nada ha cambiado. A la persona que más ve es a la tía Sofía. En la casa solo estamos la señora Celia y yo. Ella casi ni va a visitar a la familia Urbina. Y no ve esas cosas de terror; al contrario, se la pasa viendo dibujos animados y programas de variedades. Así que no sé qué le pueda estar pasando.]
Fabio: [¿Sabes si está tomando medicamentos últimamente?]
Paz: [No me ha dicho nada, pero como casi no duerme, supongo que sí. Pero de los detalles médicos no sé nada.]
Fabio: [Entendido. Cuídate mucho. Ella regresará a casa más tarde.]
Paz: [Está bien.]
Sin embargo, justo antes de que Paz enviara ese último mensaje, Fabio notó que el indicador de "escribiendo..." se había mantenido activo por bastante tiempo.
No sabía qué era lo que ella había querido decirle, pero probablemente estaba dudando.
Él decidió no presionarla.
Sin decir más, revisó su lista de contactos y buscó el número de Sofía Zamora.
Sofía era la mejor amiga de Vanesa.
Fabio, por supuesto, lo sabía perfectamente.
Tras un momento de silencio, presionó el botón de llamada.
Cuando Sofía vio que era él, se sorprendió muchísimo.
Aun así, contestó: —Señor Serrano, ¿qué milagro que me llama?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ