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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 1043

La incomodidad de Vanesa se hizo aún más evidente.

Solo que lograba disimularlo muy bien frente a Fabio.

Para colmo, él siempre soltaba sus comentarios con sutileza, sin exagerar ni hablar demasiado de Silvia.

Era un método gradual y progresivo que, de alguna manera, hacía que Vanesa también terminara conociéndola.

Y la dejaba con una furia acumulada que no tenía cómo desahogar.

Porque, viéndolo de manera objetiva, Silvia tenía una personalidad agradable y no había hecho absolutamente nada malo.

Obviamente, Vanesa no podía enfadarse con ella sin motivo alguno.

—¿De verdad te gusta mucho? —Vanesa no pudo contenerse y las palabras salieron de su boca antes de que pudiera detenerlas.

Apenas lo dijo, sintió una punzada de arrepentimiento.

Pero, para su sorpresa, Fabio actuó como si no notara el tono de reproche en su pregunta y lo admitió sin tapujos.

—Sí, me gusta bastante —asintió él con naturalidad.

Vanesa se quedó callada.

—A Paz también le agrada mucho. Han hablado por chat; aunque Silvia usa mi celular, siempre le aclara quién es. Y Santiago también se lleva muy bien con ella —añadió Fabio con una sonrisa.

Parecía que solo con mencionar a Silvia, su humor mejoraba considerablemente.

Ante semejante contraste, Vanesa se sintió aún más deprimida.

Qué maravilla... Paz era su hija, pero resultaba que en tan solo dos meses había desarrollado una relación más cercana con otra mujer que con su propia madre.

Definitivamente, sentía celos.

—Bueno, voy a pedirle al chofer que traiga el auto hacia acá. Tardará media hora, y desde aquí podemos disfrutar de la vista nocturna de la ciudad sin tener que ir a apretujarnos con la gente allá abajo; es prácticamente lo mismo —dijo él, cambiando de tema sin más.

Vanesa decidió no responder.

Sacó su celular y se puso a tomar fotos del paisaje.

Él esperó a su lado con paciencia.

En un momento en que ella estaba distraída, Fabio le tomó una foto de espaldas con su propio teléfono.

Pero rápidamente lo guardó con disimulo, como si no hubiera pasado nada.

Cuando Vanesa terminó de tomar fotos, el chofer ya había llegado.

Él la acompañó de regreso al hotel.

Durante todo el trayecto, volvieron a sumirse en un completo silencio.

Al llegar a la suite, Vanesa se fue directo a su habitación.

La excusa era simple: necesitaba prepararse para la conferencia del día siguiente, ya que le tocaba dar un discurso.

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