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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 298

Ricardo permaneció inmóvil, observando el espectáculo a sus pies.

Vio las lágrimas correr por las mejillas de Natalia, vio su cuerpo temblar con sollozos convulsivos.

Escuchó sus excusas, sus acusaciones, la forma experta en que tejía una red de culpas alrededor de todos, excepto de sí misma.

Don Guillermo era el tirano. Alejandra era la arpía. Y él, Ricardo, era el amante negligente.

Todos eran culpables.

Todos, excepto la santa inocente que se aferraba a sus piernas.

Y por primera vez en su vida, la actuación no le provocó nada.

La ceguera que lo había afligido durante años, un velo tejido con idealización, culpa y deseo, se había desgarrado por completo.

Ahora veía con una claridad terrible, despiadada.

No veía a una mujer desesperada.

Veía a una mentirosa.

No veía a una víctima.

Veía a una manipuladora.

Las lágrimas no lo conmovían. Las excusas no lo convencían. Su dolor no le generaba ninguna simpatía.

Solo sentía un desprecio helado.

Un desprecio tan profundo y tan absoluto que lo dejó vacío, hueco por dentro.

Lentamente, se agachó.

No para consolarla.

Con una suavidad que era infinitamente más cruel que cualquier grito, tomó sus manos y las desprendió de su pantalón.

Dedo por dedo.

Natalia lo miró, sus ojos llorosos llenos de confusión. El guion no era así. Se suponía que él debía ceder.

Él se enderezó, retrocediendo un paso, creando una distancia física que era un abismo emocional.

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