La ovación que envolvía a Alejandra era un muro de sonido, una marea que ahogaba cualquier otro pensamiento. Pero en la silenciosa y climatizada zona de patrocinadores, la realidad era muy distinta.
La cámara de la transmisión, en su barrido triunfal por el estudio, enfocó por un instante el palco VIP. Fue un segundo, no más. Pero fue suficiente.
Adrián Morales permanecía de pie, su cuerpo rígido como una estatua de mármol. Su rostro, normalmente una máscara de arrogancia controlada, estaba contraído por una furia tan pura que parecía una deformidad. El plan, su perfecto y multifacético plan, no solo había fracasado. Se había convertido en un pedestal para la mujer que pretendía destruir.
Con un movimiento casi imperceptible, su mano, que sostenía una delgada copa de champán, se apretó. Hubo un sonido agudo, casi inaudible por encima de los aplausos. Un crac seco. La copa se había hecho añicos en su puño. Dejó caer los fragmentos al suelo alfombrado con un gesto de profundo disgusto, ignorando el hilo de sangre que comenzaba a brotar de su palma. Su plan era un desastre.
Junto a él, Ricardo Estevez no se movió. No estaba enojado. La ira era una emoción demasiado simple para el terremoto que estaba ocurriendo en su interior. Su rostro mostraba una profunda, una abismal conmoción.
Estaba viendo a dos mujeres en el monitor. Una era su prometida, la aclamada chef internacional, sentada pálida y humillada en la mesa de los jueces, expuesta como una ignorante en su propio campo. La otra era Alejandra. La chica que había recogido, la molestia silenciosa que vivía en su penthouse, la mujer que consideraba un peón sin voluntad propia.
Y esa mujer acababa de dar una lección magistral de historia, cultura y gastronomía en televisión nacional. Había desmantelado una acusación con la precisión de un cirujano y la autoridad de una académica. Había demostrado una inteligencia, una profundidad y una conexión con sus raíces que hacían que la sofisticación de Natalia pareciera de repente hueca, un barniz barato sobre madera podrida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...