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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 158

La negativa de Alejandra, pronunciada con una calma tan absoluta, colgó en el aire entre ellos como una barrera de cristal. Para Ricardo, fue más impactante que cualquier grito, más desafiante que cualquier insulto. Era una simple declaración de hechos, y eso la hacía inamovible.

Él la miró, incrédulo. —¿Qué has dicho?

Alejandra se levantó del sofá. El movimiento fue fluido, sin prisa, pero cambió la dinámica de poder por completo. Ya no estaba sentada, recibiendo su ira desde abajo. Ahora estaban cara a cara, al mismo nivel.

—Dije que no voy a retirarme —repitió, su voz era clara y cortante—. No te pedí permiso para entrar, Ricardo, porque no lo necesito. Esta es mi batalla.

La palabra "mi" resonó en la habitación. No "nuestra", no "la de la familia". Suya. Una guerra privada que él no entendía y en la que no era bienvenido.

—¿Tu batalla? —se burló él, dando un paso hacia ella, tratando de recuperar la intimidación a través de la proximidad—. ¿Tu batalla es arrastrar el nombre de mi familia por el lodo? ¿Atacar públicamente a la mujer que va a ser mi esposa?

—Mi batalla es por la verdad —replicó ella, sin retroceder ni un centímetro—. Y no la voy a pelear escondida en tu torre de marfil, esperando a que tú me digas cuándo y cómo puedo respirar. La pelearé donde todos puedan verla.

La audacia de sus palabras lo dejó sin aliento por un instante. La chica sumisa, la huérfana agradecida que había conocido, se había desvanecido por completo. En su lugar estaba esta mujer, forjada en un fuego que él apenas podía empezar a comprender. Y eso lo enfurecía más. Era una afrenta a su autoridad, a su control.

Su ira, que había sido una explosión caliente, ahora se condensó en un hielo peligroso.

—Se te olvida quién eres, Alejandra. Se te olvida dónde estás. Estás aquí porque yo lo permito. ¡Estás a salvo porque yo te protejo!

—¡No me estás protegiendo, me estás enjaulando! —replicó ella, su propia voz subiendo de tono por primera vez, vibrando con una pasión contenida—. ¡Crees que esta jaula dorada me va a mantener quieta, pero solo me ha dado más tiempo para pensar, más razones para luchar!

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