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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 6031

El impulso del combate se invirtió abruptamente, transformando lo que había empezado como una prueba en una aplastante derrota. Tras cien asaltos vertiginosos, el Venerable Glacio se hallaba acorralado, con la guardia agotada y la respiración entrecortada. Su Espada Larga de Cristal de Hielo perdía filo bajo la expansión de venas grises, mientras las cadenas se rompían en el aire. Tres profundas heridas en su torso se resistían a cerrarse. Jaime dedicaba un hilo de su concentración a mantener el microcosmos intacto, ese débil vínculo que, a duras penas, sostenía la lucha.

—¡Imposible! ¡Imposible! —gritó el venerable con voz quebrada, a medio camino entre la súplica y la negación.

Un temblor salvaje lo recorrió, y el frío que antes dominaba la sala ahora sabía a pánico.

Jaime captó el destello de esa pregunta en los ojos del hombre: ¿cómo podía un anciano de séptimo nivel verse obligado a retroceder por un vagabundo de noveno rango?

—¡Sello Helado! —El grito resonó como hielo al romperse.

Llamas azules emergieron de sus poros al consumir su propia sangre y alma, canalizando hasta la última partícula de su fuerza en el hechizo. Su cuerpo se transformó en un rayo azul brillante, una lanza determinada a perforar a Jaime y sumir el mundo en el hielo. Ante esto, Jaime soltó una risa apenas audible.

—¿Una luciérnaga que pretende rivalizar con la luna?

Hizo desaparecer la Espada Del Caos, juntando las palmas ante su pecho. Al separarlas, la oscuridad cortó el aire entre ellas.

Una fisura caótica recién nacida se abrió, delgada como un cabello, pero cargada del silencio de los finales.

—¡Vuelve al vacío! —gritó Jaime, y su grito atravesó la densa neblina de su mundo particular.

La fina fisura de caos que Jaime había abierto entre sus palmas se ensanchó bruscamente.

Se transformó en una voraz boca negra que se lanzó a engullir el rayo azul hielo que venía hacia él.

No hubo ni un silbido ni una chispa.

El choque se produjo en un silencio absoluto, como el roce de dos espectros en un sueño.

El rayo sellador azul hielo, portador de la última furia del Venerable Glacio, se encontró con la oscuridad y se desintegró.

El color se desvaneció primero, luego la forma: copos de luz extinta que fueron absorbidos sin dejar rastro.

Una ola de frescura respondió a Jaime, penetrando músculos y médula antes de anclarse en su núcleo.

Los remolinos de niebla gris a su alrededor se hicieron más densos, y el pequeño mundo palpitó con más fuerza que antes.

Se oyó un crujido húmedo.

Jaime vislumbró gotas doradas brotando de los labios del Venerable Glacio mientras el anciano se doblaba por la mitad.

La reacción lo golpeó como una montaña que se desploma.

Su aura se redujo a una cáscara fina y temblorosa, mientras otro chorro de sangre dorada pálida salpicaba el aire.

Jaime dio un paso.

El espacio se curvó, y reapareció frente al venerable lisiado, con dedos de hierro que se cerraron alrededor de la garganta del hombre, levantándolo del suelo.

Su mano libre se posó sobre la coronilla del cráneo del anciano.

Una avalancha de fuerza del caos se vertió en su interior, extinguiendo cada hebra de poder divino y atrapando su alma en una morsa gris.

—Urgh… hrrk… —Un sonido entrecortado se filtró a través de las vías respiratorias aplastadas.

El venerable Glacio forcejeaba inútilmente con sus extremidades.

En sus ojos desorbitados, el terror floreció al encontrarse con la mirada de Jaime, como escarcha en el cristal.

La mirada de Jaime permaneció inmutable, más gélida que el hielo más remoto.

—Ahora yo pregunto, tú respondes. Una sola mentira, y te mostraré un dolor mil veces peor que el refinamiento del alma.

Un escalofrío recorrió al cautivo.

Partículas grises rozaban el borde de su alma, cada pasada mordisqueando su existencia y prometiendo el olvido.

—Tú… ¿quién eres, en realidad? —preguntó el Venerable Glacio con voz ronca, tan débil como el hielo agrietado.

—Quién soy no importa.

—Entonces dime esto: ¿por qué los celestiales ejecutaron a Sergul y Carmina y forjaron sus almas en cristales? ¿Fue solo porque descubrieron secretos e intentaron resistirse?

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