Entrar Via

El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 6021

En ese instante, en el Pabellón de Gracia, Jaime estaba junto a la ventana. Su mirada parecía ir más allá de los edificios, fijándose en el enviado celestial, a quien trataban con gran reverencia.

Había persuadido a Rayna para que se dirigiera a la tranquila habitación contigua, argumentando que necesitaba absoluto silencio para probar una Formación del Corazón Tranquilo.

Tal como había previsto, los centinelas de afuera estaban visiblemente menos alertas que en los dos días anteriores; los intervalos entre patrullas se habían incrementado. Los senderos estrechos y secundarios que llevaban al distrito del tesoro estaban casi vacíos.

—Un enviado celestial… un inmortal de sexto grado superior… —murmuró.

Jaime musitó, un brillo gélido cruzando sus ojos.

Esta era su oportunidad: contactar a los celestiales, obtener información, y quizás hallar el Cristal Refinador de Almas.

Julian, el astuto zorro, había aflojado su vigilancia a propósito; su intención era clara: usarlo como un cuchillo, tantear el terreno.

Bien, él seguiría el juego.

Su silueta se desdibujó, deslizándose hacia la sombra más cercana para salir del Pabellón de Gracia sin un solo sonido.

En lugar de dirigirse directamente a la tesorería, actuó como un cazador paciente. Se movió por senderos menos concurridos, aprovechando su conocimiento del Conjunto de la Mansión y el efecto camuflador de su fuerza del caos para evadir a todos los vigilantes.

Normalmente, la zona restringida de la tesorería estaba atestada de guardias. Sin embargo, esta noche, la atención se centraba en la entrada principal, ocupados con el conteo del tributo.

Jaime emergió como un espectro en un rincón apartado, detrás de las salas del tesoro. Allí encontró una pequeña puerta secreta, usada para traslados de emergencia y cubierta por complejos sellos.

Para él, con los fragmentos de recuerdos de Queten y su propia fuerza del caos, la barrera no era más que un muro. Una luz gris palpitó en la punta de su dedo, sondeando el nodo hasta que el conjunto se volvió inerte y maleable.

La puerta se abrió con un leve suspiro, dejando una rendija del ancho de un dedo.

Dentro, las lámparas brillaban intensamente. Julian mismo estaba con el señor Cive, mostrándole relucientes pilas de cristales espirituales, hierbas y minerales. Varios guardias celestiales se mantenían desplegados, en alerta.

Jaime se deslizó por la línea divisoria entre luz y sombra, minimizando su presencia. Sus ojos escudriñaban la cámara. El tributo mundano no le interesaba; él buscaba el Cristal Refinador de Almas.

Según los recuerdos de Queten y la información extraída de Rayna, el cristal estaba guardado en lo más profundo, sellado en la Cámara de Hielo Profundo y custodiado por el propio Julian.

Moviéndose entre estantes altísimos y montículos de mercancía, se escabulló más allá de un mayordomo que patrullaba, dirigiéndose hacia su objetivo.

El aire se hizo notablemente más frío. Ante él se alzaba una enorme puerta de hierro negro, grabada con runas de escarcha, que ondulaba con una luz glacial.

La Cámara de Hielo Profundo.

Justo cuando Jaime comenzaba a examinar la cerradura, unos pasos y voces débiles le llegaron por detrás.

Eran Julian y el señor Cive, que se dirigían directamente hacia él después de concluir sus asuntos. Parecía que Julian estaba alardeando de la riqueza oculta de la mansión ante el enviado, o bien lo estaba llevando allí a propósito.

Un pensamiento rápido cruzó la mente de Jaime. Se deslizó detrás de una pila de altos lingotes de hielo escarchados y ocultó cualquier indicio de su presencia.

La voz de Julian, con un ligero tono de tensión, llegó hasta él.

—Enviado, esta es la Cámara de Hielo Profundo, donde almacenamos ciertos bienes especiales.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)