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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 5084

Contra una sombra ilusoria como esta, la llama interna era la mejor arma.

—Muere.

Una palabra, dicha a la ligera.

«¡Boom!».

¡La poderosa sombra ilusoria de Radamés, líder de la secta del Pabellón Azote del Cielo, fue aplastada instantáneamente bajo una lluvia de luz radiante! Todos quedaron atónitos al presenciar esta escena.

—¿Una simple sombra ilusoria se atreve a amenazarme? ¡Realmente no conoces tu lugar! —Jaime resopló con frialdad.

«¡Pum!».

Baraziel intentó huir, pero sus piernas cedieron y cayó al suelo, una notoria mancha húmeda apareció en sus pantalones. ¡El supuesto prodigio del Pabellón Azote del Cielo se había orinado de miedo!

Jemina, al verlo en tal estado, se echó a reír, deleitada.

«Se lo merece. Siempre tan arrogante, ¡y ahora por fin le ponen en su sitio!».

—¿Intentando huir?

Jaime avanzaba, aplastando la piedra bajo sus pies con cada paso, como si pisoteara el corazón de Baraziel. Este, entretanto, lloraba y se arrastraba hacia atrás, suplicando.

—¡Señor Casas, por favor, perdóneme! ¡Sólo seguía órdenes! Nada de esto fue idea mía. No volveré a molestar a Jemina, ¡lo juro!

Suplicó con desesperación, sólo quería sobrevivir.

—¿Un prodigio del Pabellón Azote del Cielo? —Jaime le pisó el pecho—. Patético.

Una luz dorada se extendió desde debajo del pie de Jaime. Baraziel dejó escapar un gorgoteo gutural. En un abrir y cerrar de ojos, fue reducido a un cadáver carbonizado.

«¡Boom! ¡Boom!».

De repente, dos fuertes explosiones resonaron a lo lejos, anunciando el regreso de los dos samuráis. ¡Incluso el último experto del Pabellón Azote del Cielo había sido aniquilado!

Los samuráis se transformaron en una niebla negra y se reintegraron al cuerpo de Jaime. Al presenciar esto, Varator quedó completamente atónito. Esos dos samuráis eran reliquias antiguas, innegables objetos mágicos. Aunque sabía su valor, no había rastro de codicia en sus ojos.

—Señor Casas, ahora que todo ha quedado aclarado, nos despedimos. Tengo que informar a la señora Nimeria —dijo Varator con una respetuosa reverencia.

—Por favor, transmita mis disculpas al Palacio Azote Sangriento —Jaime le devolvió el gesto.

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