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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 3908

Un joven como Apsel, que ya poseía tal nivel de cultivo, tenía un futuro inconmensurable por delante.

Jaime miró fijamente a Apsel, alzando la voz para desafiarle:

—Si eres tan capaz, ¿por qué no vuelves a tu forma original y luchas conmigo? ¿Te atreves?

Para humillar a Jaime, Apsel decidió no contraatacar.

—No soy idiota. ¿Qué te parece esto? No moveré un dedo y dejaré que me ataques tres veces.

—De acuerdo, trato hecho. Si no puedo derrotarte en tres movimientos, me arrodillaré y te haré una reverencia —exclamó Jaime en voz alta.

Sólo buscaba una oportunidad para ganar tiempo. Para su agradable sorpresa, Apsel le dio convenientemente esa oportunidad.

Apsel rio a carcajadas, con su imponente fantasma temblando.

—Trato hecho. Con tanta gente aquí como testigos, será mejor que te prepares para inclinarte ante mí.

—¿Estás listo? Estoy a punto de hacer mi primer movimiento. —Jaime se preparó para hacer su movimiento.

Al escuchar la propuesta de Apsel, Terenzo exclamó:

—¡No debe! Es demasiado peligroso.

—No te preocupes, no puede hacerme el menor daño. —Apsel rebosaba confianza.

Mientras tanto, Jaime se movía de un lado a otro, con el aura a su alrededor convergiendo sin parar.

Sin embargo, en ese momento, Jaime gritaba sin parar al pequeño Devorador Celestial en su corazón.

«Pequeño bribón, despierta, échame una mano. Has consumido muchos de mis recursos. No puedes estar durmiendo todo el día. Despierta rápido. Si no lo haces y muero, no tendrás dónde comer ni dormir». Jaime gritaba en su mente, pero el pequeño Devorador Celestial no mostraba ninguna reacción.

«Señor Bermellón, écheme una mano, ¿quiere? Si yo caigo, usted caerá conmigo. Al fin y al cabo, estamos juntos en esto», se dirigió Jaime al Señor Demonio Bermellón.

«¿Qué podría hacer? No es que me escuche», dijo el Señor Demonio Bermellón.

En ese momento, Jaime se sintió totalmente impotente.

Al ver que Jaime seguía sin hacer ningún movimiento, Apsel habló impaciente.

—¿Qué estás haciendo? ¿Vas a actuar o no?

—¡Ya voy! —Cuando Jaime terminó de hablar, de repente saltó por los aires.

Sin embargo, todavía no había actividad de la criatura.

Por segunda vez, el ataque de Jaime atravesó la ilusión, sin causar ningún daño.

—Todavía te queda un ataque. Sólo espera el momento en que estarás arrodillado ante mí, aplastado bajo mi pie —dijo Apsel con suficiencia.

El grupo de Nieve ya había empuñado con fuerza sus armas, listos para entrar en acción en cualquier momento.

Al ver la situación, Jaime parecía haber aceptado su destino, dándose cuenta de que sólo le quedaba un último movimiento por hacer. Era todo o nada.

Jaime se vio suspendido en el aire, y su puño derecho empezó a brillar con ondas de luz.

Toda la fuerza de Jaime se concentró en su puño derecho.

—¡Puño de Luz Sagrada! —El puñetazo de Jaime desató un resplandor sin fin, volviéndose tan deslumbrante como el mismo sol.

Un aura devastadora surgió hacia Apsel.

—Hmph, otra vez este truco no. —Con indiferencia, Apsel dio un resoplido frío y desdeñoso.

Justo cuando Apsel se burlaba, de repente, una ráfaga de luz brotó del cuerpo de Jaime. De inmediato, una enorme fuerza de succión empezó a devorar al fantasma que Apsel había conjurado.

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