Al presenciar la situación, Nieve se detuvo rápidamente:
—¡Señor Casas, no puede!
—No aceptes.
—Absolutamente no, es una trampa.
—Maestro…
La mirada de todos se posó a la vez en Jaime mientras le cerraban el paso.
Sabían que Apsel fingía ser débil, mostrando adrede que era un Tribulador de Séptimo Nivel. Sin embargo, su verdadera fuerza seguía siendo un misterio para todos.
Esta era en realidad la parte más aterradora. Como decía el viejo refrán, «conoce a tu enemigo y nunca serás derrotado». Pero ahora, ¿cómo se podía luchar sin conocer siquiera la fuerza del oponente?
—No se preocupen. Sé lo que hago. No puede hacerme daño —dijo Jaime con confianza y una sonrisa.
—Jaja, me he encontrado con muchos individuos demasiado confiados, pero tú, te has ganado mi respeto. Te concederé tres movimientos primero —dijo Apsel, riendo diabólicamente.
—Eso no es necesario. Más te vale darlo todo. De lo contrario, si pierdes, te excusarás diciendo que no te esforzaste al máximo. No me gustan los titubeos. Todos somos jóvenes, así que dejémonos de palabrerías.
Jaime miró a Apsel con ojos decididos mientras hablaba.
—¡Bien!
Cuando Apsel terminó de hablar, un aura intensa brotó de él. Entonces, con un gesto de la mano, ordenó:
—Ven…
—¡Señor Casas, por favor, no debe salir!
Nieve intentaba con desesperación disuadir a Jaime con una mirada frenética.
—Señor Casas, no tenemos miedo a la muerte. No muerda el anzuelo —exclamó también Igor.
Jaime había tomado una decisión. Con un gesto de la mano, el Conjunto defensivo que se había instalado frente al Palacio Lunar desapareció lentamente.
Con un solo paso, Jaime se encontró justo delante de Apsel.
Apsel indicó entonces a todos los que estaban detrás de él que se retiraran con un gesto de la mano. Al fin y al cabo, cuando dos Tribuladores se enzarzaban en una batalla, el daño resultante cubriría una zona enorme.
Terenzo, rebosante de confianza, dirigió a sus hombres en retirada.
Apsel era un cultivador del Último Reino, cuyas capacidades estaban muy por encima de las de Jaime, un simple Tribulador de Cuarto Nivel.
Aunque Jaime estaba dotado de un talento excepcional y unas habilidades superiores, seguía sin poder salvar la distancia que suponía la diferencia absoluta de poder.
—Técnica Milenaria…
De inmediato, Heno de la Sala Desalmada dejó escapar un grito de sorpresa, sus pupilas se contrajeron y todo su cuerpo empezó a temblar.
Al escuchar el nombre «Técnica Milenaria» todo el mundo se sorprendió.
Apsel también volvió la mirada hacia Heno, con los ojos llenos de incredulidad.
Evidentemente, no había previsto que alguien reconocería su técnica.
—Señor Almaraz, ¿la Técnica Milenaria que ha mencionado perteneció al gran señor de los demonios? —preguntó Igor, con cara de asombro.
—Así es —Heno asintió.
En ese momento, las expresiones de muchas personas cambiaron de manera drástica.
Todos ellos eran conscientes de lo que simbolizaba el gran señor de los demonios.
Tras la Batalla Celestial, los demonios casi desaparecieron, encontrándose en una situación en la que eran odiados por todos.
Muchos Cultivadores Demoníacos eligieron vivir en reclusión, perfeccionando en secreto sus habilidades.
Sin embargo, había un gran señor de los demonios que, en lugar de esconderse, se entregaba a una matanza desenfrenada para reforzar su camino demoníaco.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)
Inclusive tirei prints, enviei e o suporte sequer responde....
A partir do capítulo 4000, aparece para desbloquear por 9 moedas, confiram porque estão cobrando 34 moedas por capítulo, absurdo, estão roubando, desconfiei e comecei a contar as moedas....