Entrar Via

El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 3815

Aunque Jaime sabía que el campo de hielo de la región septentrional estaba justo enfrente de él, se encontró completamente inmovilizado.

Su cuerpo parecía haberse congelado.

En la dimensión del caos, el espacio mismo empezó a contorsionarse. El turbulento flujo del tiempo y el espacio se asemejaba a una hoja afilada que apuñalaba a Jaime sin descanso.

El cuerpo de Jaime ya tenía innumerables heridas.

El dragón dorado que rodeaba su cuerpo también se desvanecía poco a poco.

Jaime descubrió que una imponente montaña se hacía cada vez más clara.

En la cima de esa imponente montaña, grupos de piedras polares irradiaban su lustroso resplandor.

—¿La mina de piedras polares?

Jaime no había esperado encontrar la mina de piedra polar en la dimensión del caos.

Sin embargo, la mina de piedra polar no se encontraba en la dimensión del caos. Estaba estrechamente vinculada a ella.

—Se acabó. Esta vez sí que se ha acabado…

Jaime dejó escapar un suspiro.

«¡Encontrar la mina de piedra polar ahora es completamente inútil! ¡Estoy a punto de morir!».

En ese momento, Jaime pudo sentir incluso el escalofriante aliento de la muerte.

Era lo más cerca que había estado de la muerte.

—Tal vez la muerte sea una especie de liberación. Pero no puedo soportar separarme de las mujeres que están a mi lado…

Jaime empezó a perderse en sus recuerdos.

Era como ver una película, ya que en su mente se reproducían todos los momentos desde que fue encarcelado hasta que fue liberado.

En ese momento, el Señor Demonio Bermellón estaba en un estado de pánico dentro del campo de conciencia de Jaime.

Si Jaime muriera aquí, seguramente él también estaría acabado.

«No te rindas. Aguanta. No puedes morir. Si mueres, ¿qué haré yo?», bramó el Señor Demonio Bermellón.

Sin embargo, Jaime parecía no escuchar nada. Sus ganas de vivir habían disminuido considerablemente.

—Jaime, no olvides que eres un cultivador, un verdadero cultivador de energía espiritual. ¿Acaso te escuchas a ti mismo cuando hablas de cielo e infierno? Sólo un mortal diría esas cosas—dijo Armando con indiferencia.

Mientras Armando hablaba, Jaime se encontró aturdido, pero enseguida volvió a la realidad.

—Señor Salazar, no estoy muerto. Usted tampoco, ¿verdad?

En su emoción, Jaime abrazó a Armando.

Armando no había muerto, ni él tampoco. Podía sentir claramente la presencia de Armando en ese momento.

Armando irradiaba un aura dorada. Dondequiera que tocara su aura, reinaban la serenidad y la tranquilidad.

Ni siquiera el caos del tiempo y el espacio podía acercarse lo más mínimo.

—Iba a dejarte solo en el Reino Etéreo. Sin embargo, tú, joven, parecías tener ganas de morir. Incluso te atreviste a aventurarte en la dimensión del caos. Te digo que, aunque sepas que estoy vivo, no siempre podré estar ahí para salvarte. Tendrás que recorrer el camino por tu cuenta. Si vuelves a cavar tu propia tumba, ya no intervendré para salvarte…

Cuando terminó de hablar, miró a Jaime.

Esta sola mirada hizo que el Señor Demonio Bermellón se estremeciera de miedo. De inmediato, Armando hizo un gesto de barrido. Un destello de luz dorada pasó y, en un instante, Jaime estaba fuera de la dimensión del caos. Estaba inconsciente.

La figura de Armando también desapareció.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)