Un agudo chirrido atravesó el aire. Un aura intensa atravesó el vacío y se dirigió directamente hacia Jaime.
De su interior brotaron rayos de luz dorada mientras se preparaba para el asalto.
Se enfundó en una armadura de escamas doradas y activó su cuerpo de Golem.
Era evidente que pretendía enfrentarse directamente a sus agresores.
Los espectadores no salían de su asombro al ver a Jaime mantenerse inquebrantable ante los inminentes ataques.
Quirina apretó los puños, la ansiedad la recorría mientras observaba cómo se desarrollaba la situación.
Montane Daemon tenía el ceño fruncido, su preocupación era evidente. A pesar de la formidable fuerza de Jaime, Montane Daemon no podía evitar dudar de que pudiera soportar el asalto combinado de los cuatro ancianos de la Alianza del Sello Demoníaco, sobre todo porque parecía estar inmóvil.
¡Boom!
De repente, el suelo bajo los pies de Jaime cedió, envolviéndolo en una nube de polvo que lo ocultó de la vista.
Los espectadores se quedaron en suspenso, sin saber qué había ocurrido.
Sin embargo, los cuatro ancianos no dieron muestras de ceder. En su lugar, siguieron adelante con su siguiente ataque.
—¡Jaula de las Diez Mil Espadas!
Una larga espada se manifestó en cada una de las manos de los cuatro ancianos.
Balancearon sus espadas en el aire, conjurando docenas de haces de espadas afiladas como cuchillas, creando la ilusión de millones de hojas moviéndose al unísono.
Estas espadas tenían diseños intrincados e irradiaban un aura formidable.
Cuando los rayos atravesaron el aire lleno de polvo, un estruendo ensordecedor reverberó por toda la zona.
Los cuatro ancianos desencadenaron su feroz asalto, muy conscientes del inmenso poder de Jaime. Ninguno de ellos se atrevió a bajar la guardia mientras los rayos de la espada descendían sobre el polvo amortajado. Parecían una lluvia de meteoritos, tanto en intensidad como en asombro.

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