En un instante, Jaime llegó frente a Froilán. Froilán recobró el sentido y soltó un rugido. El aura de su cuerpo estalló.
—¡Tonto impertinente! Haré que tiembles ante mi poderío. —Froilán frunció el ceño, juntando su aura en el puño antes de lanzar el puñetazo.
Utilizó toda su fuerza. La espesa aura que rodeaba su puño era una clara muestra de su poder como cultivador Tribulador.
No le importaba si Jaime era tan duro como había escuchado porque no despreciaría con imprudencia a su enemigo.
Empleó toda su fuerza en un solo golpe, seguro de que su puñetazo significaría el fin de Jaime.
El puño de Jaime chocó contra el de Froilán, provocando la detonación del vacío.
Los puñetazos de ambas partes contenían una inmensa energía marcial al chocar entre sí sin técnicas rebuscadas.
En el instante en que esos dos ataques chocaron entre sí, se propagaron ondas de choque en todas direcciones. El suelo alrededor de los dos tembló y se levantó un vendaval de viento.
La gente de alrededor retrocedió rápidamente para evitar aquellas abrumadoras ondas de choque.
Cuando los puños del dúo entraron en contacto, Froilán palideció. Sintió que el imparable Poder de los Dragones se precipitaba hacia él desde el puño de Jaime. El puñetazo de su oponente tenía tanta fuerza que podía destruir casi cualquier cosa.
Esa aura sobrecogedora superó con creces las expectativas de Froilán.
—¿Cómo puede ser? Es imposible. —Froilán se sobresaltó, con los ojos llenos de sorpresa e incredulidad.
No podía creer que el aura de un cultivador del Reino de Fusión Corporal fuera más fuerte que la suya.
Después de todo, había liberado cada pizca de su aura de Tribulador dentro de su cuerpo sin contenerse.

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