—Jaime, si nos permites subir, puedo ofrecerte monedas espirituales... ¡cualquier cantidad que desees! —Incluso Froilán también bajó la cabeza.
Reconocía el peligro inherente del Mar Nocturno y comprendía que, si aparecía de repente una bestia demoníaca, serían vulnerables y los destrozarían con facilidad.
Jaime rio con indiferencia.
—No necesito dinero.
Luego hizo que la tortuga divina nadara hacia el barco espiritual.
La colosal tortuga divina creó olas considerables que dejaron a Zadoc y Froilán desorientados mientras luchaban por seguir el ritmo.
La ira de Froilán aumentó al ver partir a Jaime.
—Te arrepentirás de hacernos esto cuando lleguemos a la orilla.
Justo después de descargar su frustración, sintió que se acercaba una presencia amenazadora.
Giró la cabeza y vio acercarse a una bestia tiburón tigre con las fauces abiertas.
Presas del pánico, Froilán y Zadoc nadaron con desesperación hacia el barco espiritual.
Jaime no pudo evitar soltar una carcajada al ver a los dos hombres perseguidos por la bestia tiburón tigre.
Por suerte, el barco espiritual en la distancia vio Froilán y de inmediato navegó hacia ellos.
En el último momento, Froilán y Zadoc consiguieron subir a la nave espiritual, escapando por poco del ataque de la bestia tiburón tigre.
Estaban empapados y en un estado lamentable.
Mientras tanto, Jaime también ayudó a los otros cultivadores a subir a la nave espiritual.
Froilán y Zadoc miraron a Jaime con ojos fríos y resentidos.
Si no les preocupara dañar la nave espiritual, ya le habrían dado una lección a Jaime.
—Sólo espera, Jaime Casas. Aún no he terminado contigo. —Froilán apretó los dientes, enfatizando cada palabra con ira.
—¿Y qué si no has terminado conmigo? Ven y enfréntate a mí si te atreves —provocó Jaime.

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