Jaime sintió como si le despertaran de un sueño cuando una voz profunda resonó junto a su oído.
—Mocoso, te has fusionado hasta con el producto de la naturaleza, sin dejar esperanza para mi reencarnación...
Jaime se apresuró a mirar a su alrededor confundido tras escuchar la voz porque no veía a nadie extraño a su alrededor.
Los demás cultivadores permanecían inmóviles, aún ocupados absorbiendo la energía espiritual de los alrededores.
—¿Quién eres? ¿Dónde estás? —Jaime estaba desconcertado.
La voz, entrecortada por el cansancio, respondió:
—Sigue nadando hacia delante. Voy delante de ti.
Sonaba como si el orador estuviera en un estado de agotamiento total.
Desconcertado, Jaime empezó a nadar hacia delante. Al cabo de unos metros, sintió que su cuerpo atravesaba una barrera y, al instante siguiente, un resplandor rojo se materializó ante él.
La luz roja se extendió, formando una matriz de luz única. Entonces, una figura carmesí apareció poco a poco dentro de la formación.
La figura parecía ser un anciano. Todo su cuerpo desprendía un resplandor rojo y su piel estaba adornada con intrincados dibujos.
Su aspecto era aterrador, pues los dibujos parecían tallados en su piel por alguien.

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