Tanto Jaime como Nimbus se vieron pronto atrapados en la agonía de la frustración.
Ninguno de los dos imaginó perder a Quirina nada más llegar a la isla.
—Señor Casas, ¿qué hacemos ahora? —preguntó Nimbus, sonando impotente.
—Seguimos adelante. No importa cómo desapareció la señorita Kus, aún debe de estar en esta isla. Mientras esté viva, la localizaré, aunque para ello tenga que recorrer cada centímetro de la isla —declaró Jaime con una determinación inquebrantable.
De ninguna manera abandonaría a Quirina. Si no podía encontrarla, no dejaría la isla.
—Caminemos uno al lado del otro. Así sabremos de inmediato si alguno de los dos se pierde.
Nimbus se acercó entonces para caminar al lado de Jaime.
Mientras Jaime dejaba que su sentido espiritual se extendiera por los alrededores, Nimbus estudiaba con cautela su entorno.
Tras un rato caminando, Jaime hizo un gesto a Nimbus para que se detuviera.
—¿Qué ocurre, Señor Casas? —preguntó Nimbus.
—Hay gente aquí. Aunque ocultan sus auras a propósito, las percibo —explicó Jaime.
Nimbus se congeló y dijo:
—¿Están ocultando sus auras? ¿Nos han descubierto?
—Deben haberlo hecho. Nunca retraje mi sentido espiritual, así que deben de haberlo detectado. No sé si son amigos o enemigos, así que ocultemos nuestras auras y acerquémonos en silencio —advirtió Jaime.
—Entiendo. —En eso, Nimbus escondió su aura también.
Mientras tanto, cuando Reno se dio cuenta de que el sentido espiritual había desaparecido, dijo a sus discípulos que estuvieran en guardia.
Jaime se acercó poco a poco al otro grupo con Nimbus y pronto encontró a Reno y a los demás.
Sin embargo, la densidad del follaje les impedía discernir la identidad del otro grupo, una situación compartida por ambos bandos. Sin embargo, Jaime pudo estimar el tamaño del grupo.
—Nimbus, ¿tiene la Secta Estelar algún método especial de identificación para averiguar si la otra parte es de la Secta Estelar?

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