Al ver que la tortuga divina mataba a la bestia demoníaca e incluso le traía el núcleo de la bestia, Jaime se sintió exultante.
Nunca esperó que la tortuga divina fuera tan formidable dentro del Mar Nocturno.
«¡Yo tampoco me di cuenta cuando la domestiqué por primera vez!».
—Señor Casas, la tortuga divina que ha domesticado es impresionante. Esa bestia demoníaca de antes parecía bastante fuerte, pero su tortuga divina la mató e incluso le sacó su núcleo —dijo Nimbus con evidente envidia al presenciar aquella escena.
—¡Yo tampoco esperaba que esta tortuga divina fuera tan poderosa! —Jaime recuperó con alegría el núcleo de bestia de la boca de la tortuga.
Luego, sacó algunas plantas espirituales de su Anillo de Almacenamiento para alimentar a la tortuga divina, que respondió con un rugido de satisfacción.
Después, Jaime y los otros dos montaron en la tortuga divina, dirigiéndose a la isla.
A medida que se acercaban, observaron restos flotando en las aguas que rodeaban la isla. Evidentemente, otro barco espiritual se había hundido.
Además, entre los escombros flotaban más de una docena de cadáveres, lo que ofrecía un espectáculo inquietante.
Al verlo, Nimbus palideció y sus ojos se llenaron de angustia.
Temía que aquel fuera el barco espiritual en el que había estado su padre, y que uno de aquellos cuerpos flotantes pudiera ser su padre.
Al notar la preocupación de Nimbus, Jaime lo consoló:
—Hay muchos que viajan en barcos espirituales por el Mar Nocturno. Además, muchos barcos espirituales pasan por aquí, así que éste no tiene por qué ser necesariamente el de tu padre. Podemos inspeccionar esos cuerpos para ver si hay algún miembro de la Secta Estelar entre ellos.
Una vez que Nimbus asintió, Jaime dirigió la tortuga divina hacia los escombros flotantes.
Cuando se acercaron a uno de los cadáveres, Nimbus empezó a examinarlo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)