Faetón se burló:
—¡Eres un iluso! ¿Quién te crees que eres? Aunque me quede aquí de pie y deje que me golpees, ¡no podrás hacerme daño!
Aunque parecía despreocupado, seguía contraatacando y retrocediendo.
Estaba desconcertado porque, aunque Jaime estaba en el Quinto Nivel del Reino de la Fusión Corporal, el aura que emitía era la del Noveno Nivel.
Ese cambio brusco hizo que Faetón perdiera la noción del nivel de poder de Jaime y se volviera más cauteloso.
—No eres tan engreído como pareces. De hecho, pareces bastante tranquilo. Por desgracia para ti, estás muerto no importa lo lejos que corras. No deberías haber herido a la señorita Kus. —En los ojos de Jaime se arremolinaban intenciones asesinas.
Guardó su Espada Matadragones y levantó las manos. En un instante, su entorno se volvió oscuro.
—¡Palma de Trueno! —rugió Jaime. Una nube oscura apareció sobre él antes de transformarse en la forma de una palma.
Un rayo crepitó en el interior de la palma.
Faetón miró la palmera del cielo con el ceño fruncido y se alejó corriendo.
Por desgracia, cuando la Palma del Trueno descendió, golpeó directamente a Faetón.
¡Boom!
En un instante, una inmensa huella de palma apareció en el suelo, y Faetón quedó profundamente enterrado bajo ella.
Las Palmas del Trueno seguían lloviendo del cielo y chocando contra Faetón.
Al final, el cuerpo de Faetón fue enterrado a más de una docena de metros bajo tierra.
Sentía como si todos sus huesos estuvieran rotos, y la sangre le salía por la boca.
El miedo asomó a sus ojos, pues no esperaba que la Palma del Trueno de Jaime fuera tan poderosa.
Faetón se arrastró fuera del pozo con mucho esfuerzo.
Justo cuando volvía a la superficie, vio a Jaime apuntándole con la Espada Matadragones.
Jaime levantó su espada, cerró los ojos y desató un aura abrumadora.
¡Buzz!

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