—Claro. Estas hormigas no valen nada para mí de todos modos. Las liberaré ahora. —El viejo demonio agitó la mano y todo el espacio empezó a temblar.
Poco a poco, la niebla negra se dispersó.
Justo cuando el anciano pensaba que su hermano no rompería la promesa, una sombra se acercó a él y agarró el Sello del Rey Dios.
—¡Hmph! ¿Crees que no lo había previsto? —se burló el anciano y se retiró.
Al verlo, Jaime blandió su espada con la intención de detener al viejo demonio.
Al ver a Jaime, que estaba a punto de desmayarse, el viejo demonio se mofó:
—Patético, ¿te atreves a intentar detenerme en ese estado?
El viejo demonio agitó la mano y disparó una nube de energía negra contra Jaime.
Jaime se defendió y fue lanzado hacia atrás en un instante.
Aunque Jaime y el anciano unieran sus fuerzas, seguiría sin poder hacer frente al viejo demonio. Ahora estaba débil, y querer detener al viejo demonio era un juego de azar.
En el instante en que Jaime fue enviado volando hacia atrás, el espíritu primordial del dragón verde salió volando de su campo de conciencia.
El viejo demonio no se percató de ello, pues sólo se centraba en Jaime y el anciano.
—¡cesen si inútil resistencia! Entréguenme el Sello del Rey Dios y les daré dos muertes rápidas —se mofó el viejo demonio.
—Eres demasiado descuidado, hermano. Tu arrogancia será tu perdición. —El anciano habló con calma al ver el espíritu primordial del dragón verde.
El viejo demonio se asustó.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Todavía tienes un as en la manga?
El viejo demonio no creía que su hermano aún tuviera un haz.
—Por supuesto que sí. ¿Por qué si no te habría atraído a este reino ilusorio? —El anciano sonrió.

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