En ese momento, sólo quedaban ruinas, y el cuerpo del viejo demonio se desvanecía como si fuera a desaparecer de inmediato con el menor roce.
Mientras Jaime apuntaba con su espada al viejo demonio, los Nueve Clones de Sombra del primero también habían desaparecido.
Jaime ya no era lo bastante fuerte para mantener esos clones de sombra.
Sin embargo, parecía que todo iba a terminar pronto.
—¡Es usted increíble, Señor Casas!
—¡Jaime ganó! ¡Ganó!
Nimbus y Soleil vitorearon con alegría. La victoria de Jaime significaba que podrían salir de allí con vida.
Los cinco Asesinos estaban devastados por la escena que tenían ante sus ojos.
«El viejo demonio está condenado, ¡y nosotros también! Cuando los asuntos relacionados con la Alianza del Sello Demoníaco salgan a la luz, ¡nosotros y toda la Alianza del Sello Demoníaco seremos perseguidos y apartados!».
—Deberíamos huir mientras el viejo demonio siga vivo. En este momento, puede que esos pocos no se den cuenta de que huimos —dijo Faetón a Tifón.
—Eso es. Corramos. Si el viejo demonio muere, ¡seremos los siguientes! —Madero estaba entrando en pánico, y estaba ansioso por escapar.
Sorprendentemente, Tifón, que al principio estaba nervioso y aturdido, sonrió con una mirada fría.
—¿Por qué deberíamos huir? ¿Creen que me pueden matar con tanta facilidad? —pronunció Tifón con calma.
—Tifón, ¿por qué sigues intentando lucirte en un momento así? Si hasta el viejo demonio ha fracasado, ¿qué te hace pensar que podemos ganar? Si quieres quedarte aquí, estás solo. No quiero morir contigo —Faetón se puso ansioso.
«¿Qué le pasa? ¿Cómo puede presumir en un momento así?».
Justo cuando Faetón estaba a punto de darse la vuelta y marcharse, Tifón agarró de repente el cuello de Faetón y le advirtió en tono frío:
—¡Nadie se va sin mí!
La expresión de Faetón cambió al instante e intentó liberarse. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que liberarse del agarre de Tifón era imposible.

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