La incredulidad se dibujó en el rostro de Jaime, pues no esperaba que el viejo demonio emitiera un juicio tan certero.
En ese momento, la niebla negra estalló, desatando un estruendo y una onda expansiva.
Jaime gruñó de dolor al estrellarse contra el palacio como la caída de un meteorito.
El enorme impacto del choque hizo que el suelo se derrumbara al instante. Un área con un radio de cien metros dentro del palacio quedó totalmente destruida, con humo elevándose en el aire.
—Hmph, ¿cómo se atreve alguien tan débil como tú a comportarse con tanta arrogancia? —se mofó el viejo demonio.
Supo por el golpe de su palma que Jaime no estaba usando un hechizo de ilusión, pues pudo sentir el cuerpo real de Jaime al impactar.
«Si fuera un hechizo de ilusión, mi ataque habría golpeado el aire».
—Señor Casas...
Cuando Nimbus, Karim y los demás vieron a Jaime hundirse en el suelo por el golpe recibido, todos jadearon.
Al mismo tiempo, Soleil, Cosme y los demás comenzaron a activar sus técnicas y a prepararse para la batalla a pesar de la conmoción en sus rostros.
Si Jaime no podía derrotar al viejo demonio, no tendrían más remedio que enfrentarse a él.
Como mínimo, tendrían una muerte rápida en combate, lo que era mucho mejor que ser torturados sin fin en caso de ser capturados.
Al ver el polvo levantado por el impacto, el viejo demonio esbozó una sonrisa de satisfacción.
Justo cuando estaba a punto de bajar a echar un vistazo más de cerca, Jaime salió volando de repente de entre la nube de polvo, descargando otro puñetazo contra el primero.
—Puño de Luz Sagrado.
Una vez más, una luz dorada iluminó todo el espacio a su alrededor.
La visión de Jaime ileso asombró a todos, provocando miradas de júbilo en los rostros de Nimbus, Karim y los demás.
—Asombroso. No puedo creer lo robusto que es su cuerpo —comentó Cosme con asombro.

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