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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 3014

Al observar el semblante aprensivo de Jaime, el anciano sonrió y aclaró:

—No temas. Entiendo por lo que tú y los demás han pasado, pero mi hermano menor no es el único que controla este mundo. Nuestros mundos se han fusionado en gran medida. Si no se hubieran entrometido, me habría quedado en mi cabaña de paja y nunca habría puesto un pie aquí. Tenía la intención de esperar hasta que el remanente de mi alma se desvaneciera y mi mundo se desmoronara.

—Entonces, ¿por qué me ha traído aquí, señor? —preguntó Jaime, confundido.

—Para evitar la resurrección de mi hermano menor, por supuesto.

—En ese caso, podemos ir juntos. Usted se encargará de su hermano mientras yo tomo la Píldora Alma de Hielo. ¿No es sencillo? —Jaime se quedó perplejo ante la decisión del anciano de hacer que una hazaña tan sencilla pareciera más misteriosa de lo necesario.

—Sabes que el poder de mi hermano se verá muy reducido si abandona el altar, ¿verdad? ¿Crees que no me ocurrirá lo mismo cuando abandone mi territorio? —preguntó el anciano.

—Um… —Jaime se quedó sin palabras porque no se lo había planteado.

—Te esperaré adelante. Una vez que atravesemos este lugar, verás un mundo completamente nuevo. —En el momento en que el anciano terminó de hablar, su figura desapareció.

De repente, Jaime se quedó solo en el tenue vestíbulo.

Jaime observó su entorno y se dio cuenta de que la sala estaba sostenida por unos pilares. No había nada delante de él, a diferencia de la primera vez que estuvo allí.

Tras una breve contemplación, se dirigió hacia la zona oscura que tenía delante.

Aunque se sentía incómodo vagando por la zona oscura, no tenía elección. Su única opción era adentrarse en las profundidades del palacio.

Tras dar unos pasos hacia delante, frunció el ceño porque se dio cuenta de que no podía utilizar ningún poder de su interior.

Además, su entorno se abatía sobre él con una presión abrumadora, haciendo que cada paso que daba fuera pesado y laborioso.

Se vio obligado a confiar tan solo en su fuerza física para continuar su viaje.

Pronto, su frente se cubrió de sudor. Cada vez que levantaba la pierna, sentía como si caminara con rocas pegadas a las pantorrillas. Además, cada baldosa que pisaba se agrietaba.

«¿Podría ser un reto para mí? ¿Y que habrá una recompensa esperándome al final?», se preguntó Jaime antes de apretar los dientes y marchar hacia delante.

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