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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 3004

Las palabras de Cosme disiparon la euforia de su reciente huida. Estaban fuera del altar, pero no sabían dónde estaban ni cómo escapar.

—Es normal no poder comunicarse aquí. Desde que pisamos esa cueva estamos en un reino de ilusiones masivas. Aquí, la realidad y la ilusión se mezclan, y nos resulta difícil distinguirlas —explicó Jaime.

—¿Un reino ilusorio? Entonces, ¿estar en este reino ilusorio significa que no podremos escapar de las garras de ese viejo? —preguntó alguien, con la voz teñida de nerviosismo.

—Exacto. Si es un reino ilusorio, podríamos seguir en el mismo sitio y no haber escapado —coincidió Jaime.

Su análisis sembró el pánico entre muchos.

Después de todo, todo lo que habían experimentado les había parecido real, desde la lucha contra bestias demoníacas hasta la recolección de hierbas místicas. Por lo tanto, ser informados abruptamente de que todo era un reino ilusorio era una verdad difícil de aceptar.

—Este reino ilusorio no fue creado por ese vejestorio. No es lo suficientemente poderoso para algo de esta magnitud. Sospecho que este lugar es una antigua cueva subterránea. En el pasado, dos de los antepasados de los cultivadores del Cuerpo Arcaico, un par de hermanos, se enzarzaron aquí en una batalla monumental. Cada uno de ellos estableció sus colosales matrices de ilusión, y al final, ambos perecieron, haciendo que sus matrices se fusionaran poco a poco, difuminando los límites entre la realidad y la ilusión —explicó Jaime.

Jaime había desarrollado esta teoría porque, durante su encuentro con el anciano del clan del Cultivo del Cuerpo Arcaico en la cabaña de paja, el hermano del anciano parecía completamente ajeno.

Sin embargo, cuando Jaime salió de la cabaña, se encontró de inmediato con el anciano en el palacio. Parecía como si estuvieran en líneas temporales completamente distintas en el mismo lugar.

A partir de ahí, Jaime había deducido que todo aquello era el resultado de matrices de ilusión. Se trataba de dos matrices de ilusión distintas, creadas por individuos diferentes, que les permitían ocupar el mismo espacio sin percibir la presencia del otro.

La teoría de Jaime dejó perplejos a muchos cultivadores, que luchaban por comprenderla.

Por el momento, su única prioridad era escapar. Tanto si se trataba de un conjunto de ilusión como de una cueva real, el objetivo primordial era salir con vida; todo lo demás era secundario.

A ninguno de ellos le importaba ya el tesoro.

—Jaime, ve al grano. ¿Cómo salimos? Sáltate los detalles técnicos; de todos modos, no podemos entenderlos —imploró un cultivador.

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