Todos se quedaron mirando el escudo y callados. Ni siquiera un puñetazo de Caín, un cultivador del Reino de la Fusión Corporal de Octavo Nivel podía dejar un rasguño en el escudo.
—Hazte a un lado. Déjame —dijo Cosme.
Después de todo, él era el más poderoso de la multitud. Si un cultivador del Noveno Nivel del Reino de la Fusión Corporal no podía romper el escudo, entonces nadie podría.
Cosme desenvainó una espada larga y desató un aura por todo su cuerpo.
La luz de la espada rasgó el vacío y salió disparada con violencia hacia aquel escudo.
Sin embargo, cuando la luz golpeó el escudo, desapareció de repente.
—¿Eh? —Cosme estaba confundido.
Sin embargo, el escudo empezó a temblar y a brillar en el segundo siguiente.
—¡Corran! ¡Deprisa! ¡Todos, corran! —Jaime gritó.
Pronto, un rayo de luz salió disparado del escudo. Por suerte, la multitud se agachó lo bastante rápido ante la advertencia de Jaime y no resultó herida por la luz.
—¿Qué clase de matriz arcana es esta? ¿Por qué es tan poderosa? —preguntó Cosme con cara de perplejidad ya que el ataque que había lanzado con todas sus fuerzas fue inútil.
Los cultivadores se hundieron en la desesperación, dándose cuenta de que estaban atrapados allí como patos sentados. Había una matriz arcana bloqueando el camino y el anciano se les acercaba por detrás.
—¡A la mi*rda! Ya que no podemos salir de aquí, ¡luchemos hasta morir! Moriremos al final, de todos modos. ¡Muramos con dignidad! —gritó Caín con rabia.
No quería morir lentamente en la desesperación. Ese tipo de muerte era demasiado dolorosa.
—¡Eso es! ¡Luchemos hasta la muerte! ¡Puede que así consigamos vivir!
—¡Vamos a morir de cualquier manera, así que no hay necesidad de retroceder con miedo!

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