Numerosas energías peculiares convergieron en el espacio de nascencia de Jaime antes de dispersarse salvajemente en todas direcciones.
Jaime observó la energía con atención, sin saber cuál era su naturaleza ni su propósito.
—¿Qué clase de poder es éste? Parece imposible de refinar o evadir. Es muy peculiar.
Jaime frunció las cejas al observar el poder que se hacía más fuerte dentro de su espacio de nascencia.
De repente, la mente de Jaime zumbó, y lo invadió una sensación de aturdimiento.
La energía llegó directamente a Jaime y lo cubrió por completo.
Jaime sacudió la cabeza y, de repente, apareció una luz brillante ante sus ojos.
—Jaime, ¿qué haces? Date prisa, es hora de ir al colegio —le dijo Elena mientras le daba una palmada en la cabeza.
—¿Mamá? ¿Por qué estás aquí? —Jaime apenas podía ocultar su sorpresa.
Elena reprendió:
—¿Qué tonterías dices? ¿Dónde más podría estar? Vas a llegar tarde al colegio.
—Mamá, no debería estar… —Jaime se acercó a Elena, con la intención de detenerla y hacerle preguntas.
Justo cuando alargó la mano para tocar a Elena, un rayo de luz brilló ante sus ojos y la escena a su alrededor volvió a cambiar.
Josefina lo fulminó con la mirada y le dijo:
—Escucha, ¿no sabes andar? ¿Por qué no has mirado por dónde ibas?
Jaime la miró aturdido.
—¿Eres tú, Josefina? ¿Me estoy imaginando cosas?
Saltó emocionado hacia ella.
—¡Escucha! ¡Aléjate de mí, imbécil! —Josefina gritó asustada.
Pronto, la escena que tenía ante sí volvió a cambiar.
El pasado de Jaime se desplegaba ante sus ojos como una imagen en movimiento.
Vio las caras de Tomás, Fénix, Forero, Cecilia y muchos otros.

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