Mientras Tifón hablaba, dirigió a los otros cuatro hombres hacia Jaime.
Al ver a Los cinco Asesinos dirigiéndose hacia él, Jaime frunció un poco el ceño. Su expresión también se volvió solemne.
«Ya era más que difícil para mí lidiar con Tifón solo. ¡Con los cinco ahora, no tenemos ninguna posibilidad de ganar!».
Mientras tanto, Cosme buscaba con frenesí a su hijo, Chev.
Las capacidades de Chev no eran tan impresionantes. A Cosme le preocupaba que le pasara algo desde que se separaron.
Sin embargo, no vio ni rastro de su hijo entre la multitud tras recorrer con la mirada a todos los presentes. Su rostro se ensombreció como la noche.
Sabía que la ausencia de Chev podía significar que le había ocurrido alguna tragedia.
«Mientras alguien esté vivo, sin duda será transportado. Incluso los malheridos y al borde de la muerte están aquí mientras les quede aliento. Los únicos ausentes son los muertos».
Su corazón se hundió de inmediato. Mientras insistía en buscar a Chev, se dio cuenta de que alguien parecía evitarlo.
Se acercó y descubrió rápidamente que se trataba de un sirviente de la familia Nasser que había estado al lado de Chev. Sacó al hombre de un tirón.
—Señor Nasser...
Cuando el criado de la familia Nasser vio a Cosme, se asustó tanto que tembló y se puso pálido como una sábana.
Antes había evitado a propósito al hombre, pero inesperadamente, Cosme se había fijado en él.
—¿Dónde está mi hijo? —peguntó Cosme con una mirada fría.
—El Señor Chev...
El criado de la familia Nasser no se atrevió a responder a esa pregunta.
—¡Escúpelo! ¿Dónde está? —Cosme le lanzó dagas.
—¡Está muerto! —respondió al fin el criado de la familia Nasser.

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