Mientras tanto, Jaime y sus compañeros aún no habían encontrado la forma de escapar. Al haber estado atrapados dentro, todos se sentían física y mentalmente agotados.
Aunque no absorbieran la energía del cristal de hielo, su sentido espiritual seguía siendo drenado poco a poco.
La esencia de sangre de las bestias de alma de hielo seguía fluyendo desde el interior de los cinco ataúdes de hielo.
—¿Vamos a esperar nuestra desaparición? —rugió Caín cuando el pánico pudo con él.
—¿Parece que tenemos elección? Estamos aquí atrapados todos juntos. No eres el único que está ansioso —replicó Soleil.
Como ellos tres eran los más fuertes del grupo, nadie más se atrevió a pronunciar palabra.
—¡Car*jo! No deberíamos haber entrado aquí en primer lugar. Todo esto es culpa tuya. Buscar el tesoro fue idea tuya —le espetó Caín a Soleil.
—Idea mía, pero no tenías por qué venir. Lo esperabas con más ilusión que nosotros. Ahora que estamos atrapados, acabas echándome la culpa —dijo Soleil con descontento.
Justo cuando estaba a punto de estallar una pelea entre los dos, Leal los detuvo de inmediato.
Estos momentos de espera de la muerte fueron la experiencia más dolorosa y estresante.
Jaime siguió estudiando a detalle los patrones mientras se devanaba los sesos en busca de una solución.
Por desgracia, sus poderes combinados aún no bastaban para abrir la salida sellada.
Si la rompieran por la fuerza, podrían acabar perjudicándose a sí mismos por la consiguiente reacción violenta.
Sin embargo, si esperaban sin hacer nada, morirían cuando se les agotara su sentido espiritual.
Justo cuando todos estaban perplejos, una gota de esencia de sangre brotó del ataúd de hielo y cayó sobre los patrones.
Los dibujos empezaron a brillar antes de desvanecerse rápidamente. Sin embargo, el tono rojo de la sangre se hizo cada vez más vibrante.

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