Jaime se dio cuenta de lo que tenía que hacer.
Dio un salto en el aire y luego apretó con la mano el cristal de hielo que sostenía Jerico.
Cuando su sentido espiritual penetró en el cristal de hielo, la imagen de la mente de Jerico se desplegó ante sus ojos.
Vio a Jerico tomando el sol y absorbiendo la energía.
Sin embargo, éste no tenía ni idea de que su propio sentido espiritual estaba siendo absorbido lentamente.
Como fuertes olas, Jaime utilizó su vasto campo de conciencia y su infinito sentido espiritual y empezó a atacar al cristal de hielo.
Al principio, Jerico estaba tomando el sol, pero las olas lo despertaron.
Tras cortar la conexión entre Jerico y el cristal de hielo, Jaime retiró rápidamente su propio sentido espiritual.
—¿Qué ha pasado? ¿Por qué me impediste cultivar? —Jerico estaba confundido.
Jaime reveló:
—Si no te detengo ahora, pronto te convertirás en un zombi sin mente.
—¿Cómo es posible? Ahora me siento muy fuerte —Jerico cerró los puños.
—Libera tu sentido espiritual y compruébalo por ti mismo.
Al instante, Jerico activó su sentido espiritual dentro de su campo de conciencia. En el momento en que lo hizo, lanzó un grito de alarma, y un profundo ceño frunció sus facciones.
—¿Qué ocurre? ¿Por qué me duele tanto la cabeza cuando intento extender mi sentido espiritual? Parece que mi sentido espiritual se ha debilitado.
—Ahora ya sabes por qué acorté tu cultivo. Descansa un poco —dijo Jaime, y luego procedió a guardar el resto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)