Justo cuando Jaime se acercaba a la nube de niebla, un rugido surgió de su interior. Empezó a retorcerse antes de transformarse en una bestia de muchas patas.
Cuando la bestia abrió la boca, una ráfaga de energía helada envolvió a Jaime, que empezó a caer en picado.
Justo cuando Jaime atrajo la atención de la bestia, aparecieron por un lado Nimbus y Soleil.
Ambos hombres lanzaron rápidamente ataques contra aquella bestia. Su inmensa energía espiritual se convirtió en decenas de miles de ataques de palma que golpearon a la bestia.
Por desgracia, esos ataques no hicieron nada a las bestias.
Las bestias estaban formadas por niebla, por lo que no tenían una forma sólida. Los ataques eran totalmente inútiles contra ellas.
Nimbus y Soleil se congelaron por un momento, pero durante ese breve instante, la bestia rugió y cargó hacia el dúo, con energía de escarcha escapando de su boca.
Justo cuando el dúo estaba a punto de ser envuelto por la energía de escarcha, Jaime apareció de repente.
Con un poderoso movimiento de su Espada Matadragones, apareció un escudo de fuego demoníaco.
Cuando la energía de escarcha entró en contacto con el fuego demoníaco, crepitó y se convirtió en humo.
Jaime empuñó la espada y se lanzó contra la bestia.
En el momento en que entró en su cuerpo, las criaturas formadas volvieron a convertirse en un remolino de niebla.
Sin embargo, Jaime seguía dentro de la niebla.
Tanto Nimbus como Soleil se quedaron atónitos ante la audacia de Jaime. Nunca habían esperado que se arriesgara tanto.
—¡Jaime!
—¡Señor Casas!
Tanto Violeta como Basilio entraron en pánico y gritaron el nombre de Jaime cuando vieron que éste se veía de repente envuelto en la niebla.
Todos observaron la escena en silencio.
Nimbus y Soleil no se atrevieron a acercarse a la niebla, y mucho menos a atacarla. Temían acabar hiriendo a Jaime.
Justo cuando todos estaban desconcertados y se sentían impotentes, una transformación comenzó a desarrollarse dentro de la niebla.

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