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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2878

Román sonrió.

—No es tan fácil como lo pintas. Aunque el Flagelo Demoníaco cayó del reino celestial, no es más que un arma cuyo poder viene determinado por el de su portador. Si el nivel de cultivo de uno es similar al de su enemigo, uno puede usarlo para abrumar con facilidad a un Cultivador Demoníaco. Sin embargo, si la diferencia de fuerza es demasiado grande, uno seguirá siendo derrotado.

Jaime pensó que Román tenía razón. Independientemente de lo poderosa que fuera un arma, mucho dependía de su portador. Si un Manifestador pretendía usar el Flagelo Demoníaco contra un Cultivador Demoníaco del Reino de la Fusión Corporal, sus esfuerzos serían inútiles.

—Señor Rojo, hay algo que aun no entiendo. Me pregunto si puede arrojar algo de luz sobre ello —Jaime preguntó.

—Adelante —Román asintió.

Jaime sacó su insignia de esmeralda y dijo:

—Esta insignia de esmeralda está rota. La mitad me la dio Basilio, mientras que la otra mitad me la dio el conde de Jeriva. Quiero saber por qué el conde tiene la otra mitad de la insignia de esmeralda. ¿Quién es?

Román guardó silencio. Pasó un largo rato antes de que dijera:

—Si algún día tienes la oportunidad, deberías preguntárselo tú mismo al conde. No es algo que yo pueda decirte. De todos modos, debes de estar agotado por el largo viaje. Deberías descansar un poco. Mañana, haré que Basilio te acompañe en la búsqueda del tesoro, ya que conoce bien el terreno.

En cuanto terminó, Román se levantó y se dispuso a marcharse. Jaime se dio cuenta de que Román conocía la verdadera identidad del conde de Jeriva, pero no estaba dispuesto a revelarla.

Decidió no insistir en el tema.

—Señor Rojo, escuché a Basilio mencionar que la Familia Kus busca destruir a su gente. Si tengo la suerte de encontrar el tesoro, encontraré la forma de erradicarlos por usted.

Como los cultivadores del Cuerpo Arcaico le habían hecho un favor, Jaime se sintió obligado a devolvérselo.

Después de todo, no podía irse con su tesoro sin hacer nada por ellos.

Román se volvió con cara de impotencia.

—Por desgracia, la Familia Kus no son los aterradores del lejano norte. Son los Cultivadores Demoníacos.

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