¡Whoosh!
Rayos de luz destellaron en el cielo, cortando el aire mientras acuchillaban al oso de hielo.
El oso de hielo lanzó un rugido desgarrador. Ráfagas de viento y nieve se arremolinaron en torno a su cuerpo y cargó hacia la luz.
Boris se quedó totalmente atónito al ver cómo Jaime blandía la espada.
Nunca había esperado que aquel hombre, que sólo estaba en el Reino de Fusión Corporal de Segundo Nivel, fuera capaz de desencadenar un golpe tan poderoso.
Incluso Basilio y los demás se sorprendieron ante aquella visión, ya que nunca habían sido testigos de las verdaderas capacidades de Jaime.
Cuando el oso de hielo cargó contra los rayos de luz en el aire, de su cuerpo salieron carámbanos disparados sin previo aviso. Como balas, se dirigieron hacia Jaime a la velocidad del rayo.
Jaime dio un ligero golpecito con la muñeca. De inmediato, los carámbanos se convirtieron en polvo y se esparcieron por el aire como copos de nieve.
Al ver esto, el oso de hielo se detuvo en seco en su embestida inicial. Se dio la vuelta y despegó.
Parecía haber presentido el peligro, sabiendo que el hombre que tenía delante no era una presa fácil.
—¿A dónde crees que vas?
Con una mueca, Jaime saltó por los aires.
Bajó la Espada Matadragones que tenía en la mano y salió disparada una luz brillante.
Antes de que el oso de hielo pudiera siquiera gritar de agonía, fue cortado por la mitad por aquel afilado rayo de luz.
A continuación, Jaime agitó la mano. Un núcleo de bestia rebosante de energía espiritual cayó en su palma.
Todos se quedaron boquiabiertos ante el oso de hielo que había sido partido por la mitad con un golpe de espada.
Boris estaba en especial sorprendido.
—¡Vamos!
Dicho esto a Basilio, Jaime empezó a caminar hacia delante.
Apenas había dado unos pasos cuando Boris recuperó el sentido y lo persiguió rápido.


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