Al sentir sus formidables auras, Jaime y los demás no pronunciaron palabra a pesar de ser groseros. Basilio y los Tres Bandidos bajaron la cabeza, evitando el contacto visual directo, claramente sin atreverse a desafiarlos.
—¿Quiénes son ustedes? ¿Qué ha pasado aquí antes? —preguntó un anciano.
Su mirada penetrante los recorrió mientras emanaba un aura formidable.
Estaba claro que no era alguien a quien tomar a la ligera. Con su temperamento volátil, no dudaría en actuar con rapidez.
Jaime frunció las cejas al sentir su aterradora aura y su corazón tembló.
A juzgar por el aura del anciano, era probable que estuviera en el Octavo Nivel del Reino de la Fusión Corporal, si no era superior. Jaime sabía que no era rival para el anciano.
Además, eran tres, y cada uno mostraba una fuerza considerable. Jaime y sus compañeros ni siquiera podían enfrentarse a uno de estos adversarios, y mucho menos a los tres.
—Señor, no percibimos nada inusual. ¿Qué están buscando? ¿Hay algo que podamos hacer para ayudar? —preguntó Jaime con serenidad.
—¿No percibió nada? —El anciano arrugó la frente y fijó su mirada en Jaime—. El fenómeno anormal era increíblemente potente. ¿Cómo es posible que no sintieran nada? ¡Eres un mentiroso! Si confiesas todo con sinceridad, te dejaré libre. Sin embargo, si descubro que me mientes, no podrás soportar las consecuencias.
Dada la intensidad del fenómeno anómalo y su proximidad a Jaime y su grupo, al anciano le costaba creer que Jaime lo ignorara por completo.
—Señor, no estamos mintiendo. Acabamos de salir de Jeriva y somos totalmente ajenos a cualquier suceso anormal —respondió Jaime, fingiendo estar asustado. Estaba pálido y su cuerpo temblaba un poco.
En ese momento, un hombre de mediana edad con una espada y un sombrero octogonal se adelantó.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)